MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 3    NO 42   MARZO DEL AÑO 2002    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Frente al Genoma Humano

“Hay que ir paso a paso”

Carlos María Romeo Casabona, jurista español

Sonia Gómez Gómez Periodista, Medellín elpulso@elhospital.org.co

Voy a ir a Inglaterra a pedir ayuda para Ustedes", les decía un aventurero asustado, a esos seres quiméricos que se encontró en una isla; a esos seres mitad hombre, mitad bestia, que habían sido creados en el laboratorio del doctor Watson, quién creía en el milagro de la ingeniería genética para mejorar la especie humana. Pero aquellos engendros atroces y, sobre todo, desesperados, le respondieron: "No regrese; Usted ya no puede hacer nada; Mr. Watson tenía muy buenas intenciones, quizás; pero los deseos no bastan. La realidad es que aquí estamos, y lo que somos, no tiene reversa".
Este es más o menos el final de una película de ficción que vi unos pocos días después de haber sostenido una charla en Medellín, con el profesor Carlos María Romeo Casabona, director de la Cátedra Interuniversitaria de Derecho y Genoma Humano , de la Fundación BBVA-Diputación Foral de Bizkaia, de la Universidad de Deusto-Universidad del País Vasco/EUH. El especialista participó en enero de este año en el seminario sobre Genoma Humano, Bioética y Derecho, que sirvió de marco a la presentación oficial del Centro de Estudios Derecho Médico, de la Universidad Pontificia Bolivariana, que dirige la abogada María Patricia Castaño.
- ¿Qué es lo que están tratando de defender Ustedes, los juristas europeos que andan por el Viejo Continente y por el Nuevo Mundo ventilando ideas y leyes sobre el Genoma Humano? ¿Cuál es el bien jurídico que se esta tutelando?, le pregunté, tomándonos un café.
Entonces, con austeridad amable me dijo: "La verdad es que no sabemos bien; el legislador no puede responder esto con certeza". Y prosiguió: "Pero bueno, hay algo que sí es claro: no podemos legar a las generaciones futuras una situación irreversible, algo que no tenga vuelta atrás; tenemos que proteger la especie humana, que puede estar en peligro; el problema es de ella, como materia viva. Tenemos que cuidar esa identidad que tenemos como especie: O por lo menos, ir pasito a pasito".
Camino tortuoso
La investigación Genoma Humano y todo el debate de la clonación se mueve por caminos tortuosos. La civilización humana se enfrenta a sí misma: todos los paradigmas creados están a punto de ser demolidos, ante una nueva manera de ver al hombre, que quiere pasar de ser creado a ser creador. Que quiere jugar a ser Dios. El ADN y todo su proceso evolutivo de millones de años está en sus manos como un gatito indefenso ahorcado por un niño que, al levantarlo cariñoso, no sabe que le está haciendo daño. Lo que se pone en jugo con esta investigación es la medicina, la reproducción, el concepto del ser humano, el debate de la individualidad, el sexo ligado a la gestación, la maternidad, la paternidad, los conceptos sobre los que está construida la sociedad, los paradigmas religiosos y en definitiva, el futuro del hombre como especie.
Son muchos los estudiosos en nuestro medio -médicos, sociólogos, filósofos- que nos piden no perder el tiempo ocupándonos de un tema que ni siquiera nos toca, que pertenece a los países desarrollados, que no puede distraernos frente a los problemas del subdesarrollo como el hambre y los parásitos intestinales.
Pero muchos creemos que no tienen razón. Que al menos nuestras mentes no pueden estar ajenas al debate frente a un asunto esencialmente humano.
Sonia Gómez: ¿Qué piensa Romeo Casabona, respecto de esta corriente de escépticos del llamado Tercer Mundo?
Romeo Casabona: "Indudablemente aquí hay una fuente de cambios muy importantes para la humanidad; ésta puede ser una causa de distanciamiento social, económico y tecnológico entre países desarrollados y en desarrollo. Por eso las naciones latinoamericanas no pueden quedarse al margen, porque no se trata solo de recursos económicos; está el recurso intelectual, está el pensamiento en alto para aportar al debate. En Europa son líderes en el tema Reino Unido y Francia, pero países más modestos comparativamente como España o Italia están poniendo gran interés al tema".
SG: ¿El interés es de la comunidad científica o del gran público?
RC: "También del gran público; hoy uno de los temas de cada día en Europa es la artritis de la oveja Dolly y sus implicaciones en el curso de la investigación sobre la clonación humana. La sensación es que todo lo relacionado con el Genoma Humano va muy de prisa, y que van a suceder cosas trascendentales para la humanidad no en un siglo sino mucho mas acá. Un país como Colombia, con 40 millones de habitantes, no se puede quedar impávido ante esto. Y hay que llamar la atención de los poderes públicos, para que cuando legislen lo hagan muy bien".
SG: A propósito, ¿qué piensa de las regulaciones del Código Penal Colombiano sobre investigación en Genoma Humano y clonación?
RC: "Sus normas están basadas en la legislación española que está muy mal. Creo que estas directrices mas que aclarar, confunden".
SG: Preocupa a algunos especialistas en genética el que la legislación sobre el tema esté marcada por criterios eminentemente moralistas, que puedan ser obstáculo al avance de la ciencia; ¿se tiene ésta percepción en Europa?
RC: "Si hay muchas presiones de los distintos credos; pero en las sociedades realmente pluralistas, hay que tener en cuenta todas las opiniones y hay mecanismos para lograrlo. Ese pluralismo existe en toda Europa, donde es verdad que existen fuerzas religiosas que pretenden marcar la pauta en todo esto, pero también hay intereses económicos muy fuertes disfrazados con aparente ánimo cientifista. Sin duda, es el legislador el que debe dar la última palabra después de escuchar el discurso interdisciplinar desde la medicina, la bioética, la sociología, etc.".
SG: ¿Se está quedando corto el legislador frente al avance de la investigación sobre el Genoma Humano?
RC: "Si. Se pusieron unos diques y la investigación llegó hasta ellos y ahora hay que modificarlos, quizás ampliarlos de una manera controlada. La clave está en ir paso a paso, no romper todas las barreras de una vez; la humanidad no puede dar un salto al vacío; tiene que haber gente que piense para donde vamos y hasta donde podemos ir, porque el investigador no piensa más allá de su laboratorio"

Rompiendo paradigmas
SG: Está claro que esta investigación hará romper a la sociedad muchos paradigmas, muchos valores que hoy son incuestionables. ¿Comparte ese criterio?
RC: "Por supuesto, y allí radica una gran dificultad, porque las valoraciones tradicionales, la manera de pensar la vida y la sociedad, no siempre dan respuesta a las nuevas situaciones que nos está presentando el avance científico. Por ejemplo, en el debate de la clonación se habla del temor a perder el concepto de individualidad; para nosotros hoy eso de la individualidad es muy importante, pero dentro de unos 50 años quizás ese valor adquiera otra dimensión, así como hace unas centurias la esclavitud o el circo romanos eran aceptados y hoy nos parece terrible pensar en ello. Es allí donde radica la trascendencia de este asunto; hay que ir, insisto, paso a paso, evaluando cada momento y cada logro; hay que reflexionar, porque de lo contrario podríamos ir al suicidio como especie".
SG: ¿En qué aspectos se ha llegado a acuerdos en Europa en cuanto a la legislación?
RC: "El mayor consenso fue logrado en la Declaración de la UNESCO sobre Derechos Humanos y Genoma Humano, firmado por 186 países en París, donde se declara que ninguna investigación podrá ir más allá de los derechos y dignidad humanos. Pero la verdad es que cada Estado está tomando sus propias posturas; el Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina, por ejemplo, no fue firmado por Alemania, porque fue considerado muy permisivo; pero, ¡mire usted! Inglaterra tampoco lo firmó pero por considerarlo muy restrictivo. El panorama europeo muestra lo difícil que es esta materia y lo lento que será llegar a acuerdos; hay en el tintero debates de mucho calibre a la hora de legislar".
Y, para corroborar las palabras de Romeo Casabona, basta con citar algunas preguntas planteadas por los expositores en el seminario para el cual fue invitado por el Centro de Estudios de Derecho Médico: ¿Es, en términos jurídicos, el embrión in vitro igual a un feto? ¿Tiene el mismo valor la vida nacida que la no nacida a la hora de dictar jurisprudencia? ¿Hay que defender al individuo o al progreso de la humanidad en su conjunto? ¿Es inalterable el patrimonio genético? Si estamos legislando frente a un riesgo no previsible, ¿cómo podremos ponernos de acuerdo?
El debate está planteado; el mundo está sorprendido y los laboratorios de los países desarrollados chisporrotean haciendo del ADN, de esa maravillosa doble hélice, el corazón de un siglo XXI sorprendente.
 
 
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