MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 3    NO 42   MARZO DEL AÑO 2001    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Medicamentos:
entre delincuentes, desinformación
y buenos propósitos

Marcela Monge - Periodista, Medellín

Con bombos y platillos, el Ministerio de Salud, el Invima y la Fiscalía, presentaron sus balances positivos y sus buenos propósitos sobre el control al tráfico y comercialización de medicamentos con fechas de vencimiento, condiciones físico - químicas alteradas y etiquetas falsificadas, ante los ministros de salud de los países andinos, que para tratar el espinoso tema se reunieron en sesión extraordinaria en Cartagena, a finales del pasado mes de enero.
No cabe duda, en los últimos años se ha avanzado mucho en esta materia, e incluso, Colombia es líder andino en el control de este tipo de delitos, pero también es evidente -luego de intentar tomar una radiografía de este negocio ilícito- que no existen estudios, investigaciones, estadísticas o cifras aproximadas sobre la magnitud que tiene el "cartel de los medicamentos", nombre con el cual el Fiscal General de la Nación, Luis Camilo Osorio, señaló a estos delincuentes ante tan ilustre auditorio.
Lo que sí existe, es la voluntad unificada de los industriales, de la Fiscalía, el Ministerio de Salud, el Invima y otros organismos, para luchar contra este tipo de delitos que además de usurpar la imagen de marcas y ganar dinero con posicionamientos ajenos, afectan a la salud de las personas, principalmente cuando se trata de adulteración de medicamentos, bebidas, alimentos y algunos productos de consumo masivo.
El balance oficial
En su discurso de instalación de la Reunión Extraordinaria de Ministros del Area Andina y Chile, el Ministro de Salud de Colombia, Gabriel Ernesto Riveros Dueñas, señaló que en los últimos dos años se han incautado más de 18 toneladas de medicamentos falsificados, "en donde cada gramo decomisado y destruido hubiera podido ser letal para quien lo consumiera". Pero nadie más se atreve a dar datos sobre el particular. La Unidad Nacional de Derechos de Autor* de la Fiscalía General, ente encargado de judicializar los casos relacionados con esta actividad ilícita, no tiene cifras que indiquen cuál es el porcentaje de medicamentos que en las droguerías del país está adulterado o falsificado, y el Invima, entidad que precisamente vigila los medicamentos, no entregó ningún dato, pese a que su Director, Camilo Uribe, fue consultado sobre este y otros puntos importantes para la realización del presente artículo, con la suficiente anterioridad, cordialidad e insistencia.
Así las cosas, sólo se tiene el dato que el Ministro entregó en Cartagena y las notas periodísticas que sobre desmantelamientos de laboratorios clandestinos, confiscación de productos alterados y retención de productos de contrabando, se ven con mayor frecuencia en los últimos años en los noticieros de televisión.
Además, el doctor Riveros Dueñas indicó que "el Gobierno Nacional ha realizado esfuerzos sin precedentes para lograr la implementación de las Buenas Prácticas de Manufactura, acorde con los lineamientos diseñados por la Organización Mundial de la Salud".
El Gobierno ha invertido más de 300 millones de dólares para certificar a los laboratorios nacionales y extranjeros que operan en el país, con normas que se destacan como las más exigentes de América Latina. Por no cumplir con estas reglamentaciones, se cerraron en los últimos años más de 200 laboratorios.

En el caso de medicamentos y licores falsos o adulterados, el consumidor siempre compra engañado

El estudio de la Andi
Además de contar con la Cámara Farmacéutica para agrupar a los industriales de este sector productivo, que en 1998 tuvo una participación total de la industria nacional del 3.4%, la Asociación Nacional de Industriales -ANDI- cuenta con una división que maneja el Proyecto contra la Falsificación de Marcas, grupo que desarrolla actividades con el objetivo de educar y concientizar a la opinión pública y a diferentes organismos estatales sobre el particular, así como de realizar propuestas al Gobierno que permitan luchar contra la falsificación de alimentos, bebidas, medicamentos y productos de consumo masivo.
Ernesto Rengifo, gerente de este proyecto, indicó a EL PULSO que "es muy difícil establecer el tamaño del mercado ilícito de medicamentos. En el caso de la piratería de licores, que es en el que mayor falsificación se da, alcanza un 30% de la oferta". Esa cifra salió como resultado de una investigación que el proyecto realizó en asocio con la Universidad Externado de Colombia, en la que se estudiaron 18 productos, entre alimentos, bebidas, licores y de consumo masivo, y se determinó que las cifras que se derivan de la falsificación ascendía a cien mil millones de pesos.
Sin embargo, Rengifo reconoce que cuantificar cuánto dinero maneja el mercado negro de medicamentos es bastante difícil, pues el estudio es sólo una pequeña parte de la realidad nacional.
Dicho estudio, establece que no todas las personas que participan de esta actividad ilícita lo hacen de manera consciente. A veces los tenderos o propietarios de droguerías menores no saben que el producto que venden es adulterado, porque el distribuidor ilegal suplanta a los distribuidores mayoristas de las empresas, presentado muestras originales del producto pero papelería e identificaciones falsas, situación que a simple vista no es fácil de reconocer. Sobre el particular, este estudio llama la atención sobre "la imposibilidad de que las empresas ejerzan un control absoluto sobre la forma como se realiza la distribución a los minoristas, pues sólo en Bogotá hay más de 25.000 droguerías".
De otro lado, y a pesar de que las empresas farmacéuticas expresan que su preocupación, más que el impacto sobre sus ganancias es la salud de los consumidores, la investigación de la Andi indica que en la práctica, los controles de los laboratorios se limitan a identificar la originalidad del producto y a precisar los componentes que fueron adicionados o suplantados, y/o el daño generado a los afectados.
Faltan esfuerzos y mano dura
Las prácticas ilegales más comunes en el caso de la falsificación y adulteración de medicamentos son: la fabricación de placebos, la mezcla de productos legítimos con sustancias inocuas y la modificación de las fechas de vencimiento, dependiendo de la modalidad, la falsificación de las etiquetas y empaques.
El modus operandi de los miembros de la red ilegal de fabricación y falsificación de medicamentos está más que detectado, pero existen dificultades para su seguimiento y posterior judicialización, pues generalmente los operativos se realizan luego de que un laboratorio afectado por la usurpación de su marca o un consumidor engañado, denuncian estas irregularidades ante las autoridades.
El estudio de la Universidad Externado de Colombia y la Andi señala: "en vista de que las instancias gubernamentales encargadas del control y de la vigilancia son incapaces de cumplir plenamente con sus funciones, la empresa asume por cuenta propia tareas de naturaleza policiva". Es decir, que mediante su departamento de seguridad o de detectives privados, persigue a los falsificadores o adulteradores y ubica el taller clandestino para luego dar aviso a la policía, y son las otras instancias gubernamentales las encargadas de realizar el allanamiento y capturar a las personas involucradas.
Y es que la División de Derechos de Autor de la Fiscalía sólo investiga cuando se lo ordena la Dirección Nacional de Fiscalías. A esto se suma la dificultad expresada por un fiscal que entrevistó EL PULSO, y que pidió reserva de su nombre por seguridad, de que "estos delitos tienen muchas dificultades probatorias, que varían de acuerdo con las garantías de los derechos de autor". Agregó el funcionario que "el control desde el punto de vista judicial es muy incipiente hasta ahora, entre otras cosas porque la intervención de la Fiscalía es posterior a la realización del delito".
Además, este es un delito que se castiga con penas cortas y multas, con el agravante de que no puede aplicarse medida de aseguramiento, y si hay buena conducta y otros comportamientos, se puede obtener la disminución de la pena, lo que permite a muchos detenidos continuar con sus actividades ilícitas rápidamente.

Mucho se habla de la magnitud alcanzada por el comercio de medicinas falsificadas, adulteradas o vencidas, pero ningún organismo conoce a ciencia cierta cuánto dinero mueve este negocio en el país

El proyecto de ley
Actualmente la condena para este delito es de 2 a 8 años de prisión, y de acuerdo con el discurso del Ministro de Salud, se subirá a 25 años si se aprueba un proyecto de ley que en este sentido presentará el senador Rodrigo Rivera. Sin embargo, al ser interrogado sobre este asunto, el congresista risaraldense manifestó que aún no está listo el proyecto, que está trabajando para tratar de presentarlo en la legislatura que comienza ahora en marzo, pero que
primero tiene que llegar a acuerdos con las asociaciones médicas que lo están asesorando.
Sobre la posibilidad de que la condena sea de 25 años, Rivera indicó que aún no se puede hablar de un número exacto de años, pues primero se debe establecer en el delito de falsificación y adulteración de medicamentos una relación directa con un atentado contra la vida. Aún así, el senador resaltó la importancia de que está iniciativa salga adelante, pues es urgente que se trate con mano dura a estos criminales que cada día aumentan su capacidad de dañar la sociedad, amparados en unas bajas condenas y en un proceso judicial bastante blando.
Frente a la posibilidad de que se luche de manera contundente contra falsificación y adulteración de medicamentos, el panorama es esperanzador, confuso y con un amplio espectro de desinformación. De todos modos, corresponde al Gobierno, a los consumidores y a los fabricantes, actuar de manera conjunta para poner a salvo la salud de todos.
*La Organización Mundial del Comercio, OMC, define los derechos de Propiedad Intelectual como aquellos que se confieren a las personas sobre las creaciones de su mente, es decir, los relacionados con los derechos de autor, la propiedad industrial, que protege los signos distintivos (marcas de fábrica o comercio) y la indicación geográfica de origen del producto; y por último, las invenciones, las cuales se protegen por patentes. En esta categoría se incluyen los dibujos, los modelos y los secretos industriales.
Triunfos y premios
Por estos esfuerzos, el Invima recibió el año anterior en Praga, el Premio Global Anticounterfeiting, por sus sobresalientes logros en la lucha contra la falsificación de medicamentos. Esta entidad le ganó a organismos como el Servicio Secreto de los Estados Unidos y la Guardia Civil Española.
Otro de los logros importantes que destacó el Ministro de Salud en Cartagena y que está relacionado con el esfuerzo gubernamental para garantizar la calidad de los medicamentos que se consumen en el país, es el fallo a favor de Colombia que profirió la Secretaria Andina frente a una demanda interpuesta por Perú y Venezuela, contra la verificación de las Buenas Prácticas de Manufactura en territorio extranjero. Los demandantes argumentaron que ello creaba un obstáculo para el libre comercio y la venta de productos farmacéuticos, lo que según ellos contradecía los principios establecidos por la Comunidad Andina de Naciones. En el fallo, la Secretaría desestima estas acusaciones al considerar que "las normas establecidas en torno de la calidad de los medicamentos deben primar sobre cualquier otro interés, incluidos los legítimos derechos que se desprendan de la actividad comercial entre los países miembros".
Vigilar también los
supuestos "genéricos"
No sólo los miembros de los carteles de los medicamentos ponen en riesgo la salud de las personas que consumen sus medicinas; también es prioritaria la vigilancia y el control de los productos farmacéuticos de mala calidad. Entre ellos, aquellos que bajo la fachada de ser genéricos y a menor costo, sólo cumplen con las especificaciones físico - químicas para contar con la aprobación del Invima, pero que una vez el ente estatal saca los ojos de su espalda, se convierten en medicamentos que no actúan como deberían en el organismo.
En este sentido, llegó a EL PULSO una carta de un grupo de médicos de la Sección de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Antioquia y el Hospital Universitario San Vicente de Paúl. Ellos manifiestan su preocupación, porque "el hecho de que un medicamento tenga licencia del Invima no asegura su calidad, ya que dicha entidad no ejerce un control de calidad periódico sobre los lotes que están saliendo al mercado. Como médicos tenemos la experiencia, en múltiples casos informados oportunamente, que medicamentos antihipertensivos no bajan la presión".
El estudio realizado en 1999 por la Andi y la Universidad Externado de Colombia sobre la falsificación y adulteración de 18 productos, señala que en "en el caso particular de los medicamentos se ha encontrado que productos farmacéuticos de mala cantidad o que no contienen la composición adecuada (tanto del principio activo como de los excipientes), además de que no curan a los pacientes, les generan otros males. Los problemas de morbilidad y mortalidad asociados a los medicamentos de mala calidad, se agravan con nuestra tendencia cultural a la automedicación".
Sobre este tema, los médicos que firman la carta, enfatizan que "la responsabilidad no es sólo de quienes hacen parte del 'cartel de los medicamentos', y reempacan o distribuyen medicamentos vencidos o productos falsos. La responsabilidad, como lo señalamos, es también de las EPS, las IPS, el Invima, el Ministerio de Salud y en general, todo el Sistema de Seguridad Social, que tiene la obligación de responderle a los colombianos por la calidad de los productos farmacéuticos y de velar por su derecho a la salud".
 
 







 



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