MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 66  MARZO DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

En esta edición...

Premios - Para pesar, posar, pisar y pasar en el mundo de las letras

El lenguaje de algunos funcionarios

El Remolino

Premios
Para pesar, posar, pisar y pasar en el mundo de las letras
Ana Ochoa Acosta Periodista elpulso@elhospital.org.co
Alfred Nobel. El primer premio se otorgó en 1901 al frances Armand.
“Qué farsa, qué bellaquería...” “Las letras colombianas huelen a podrido” denunciaba hace poco el escritor Gustavo Alvarez Gardeazábal. “Creyéndome un pendejo redomado”, contaba, lo nombraron jurado de un premio literario en el que la editorial organizadora tenía desde el principio el ganador elegido. “Los gestores de esta trama fueron los dueños de la editorial SYC de Bucaramanga, (la familia de Pablo Gallinazo, el nadaísta), que ingeniosamente hace libros por encargo y no por tiraje.
Organizaron el concurso de novela breve Cepeda Samudio, le pusieron cinco mil dólares de premio que en Colombia es una suma extraordinaria y me nombraron jurado en compañía de Juan Gustavo Cobo Borda, gran pontífice de la rosca literaria bogotana y de Enrique Serrano, un nuevo escritor colombiano que en medio de la crisis nacional escribe novelas sobre Tamerlán y los nietos de Gengis Kahn” (*).
Hay premios de todas las clases y escándalos de todas las estirpes. Hay premios que se celebran con alegría como el Alfaguara de novela otorgado el 23 de febrero en España a la colombiana Laura Restrepo, y otros también estimulantes, entre los que sobresalen los de universidades como la de Antioquia. Pero también hay premios literarios extravagantes que llegan como ventarrones, soplando cosas raras al oído, historias de intrigas y comercios que dejan mal parados, no sólo a quienes los reciben, sino a quienes los dan. No siempre porque se elijan obras deplorables, sin huesecillos siquiera, sino porque se festeja con pompas terribles, vergonzosas por donde se las mire, y se otorgan coronas a destiempo, que no encajan en aquel espectro de artista premortem o en aquel fantasma de artista en la miseria: “El rey me da sombrero cuando ya no tengo cabeza” , dice un refrán.
Hay premios estimulantes como el Alfaguara recibido por la colombiana Laura Restrepo y otros, entre los que sobresalen los de algunas universidades. Pero también hay premios extravagantes que llegan como ventarrones, soplando cosas raras al oído, historias de intrigas y comercios que dejan mal parados, no sólo a quienes los reciben, sino a quienes los dan.
Los jurados, las obras elegidas, las roscas y las broncas reales o supuestas, las vanidades de algún vencedor y los venenos de algún vencido…hacen que los premios sean con frecuencia motivo de confrontación. En Colombia, donde una serpiente común puede matar hasta 25 perros, cualquier cosa puede esperarse. Así que no sólo son los escándalos del publicitado Goncourt o los del Nobel, con historias clásicas como la de Sartre reclamando el dinero años después de haber rechazado el premio; o la de aspirantes en fila, como Isak Dinnesen, la de Lejos de Africa, que decía: “Sólo he seguido viviendo estos últimos años porque quiero que me den el Nobel”. Se ha visto de todo. Albert Cohen descalificó el ingreso a la Academia Francesa de Marguerite Yourcenar porque, según decía, una escritora tan gorda no podía ser buena. Temibles furores han desatado los premios y ha sido conocida la soberbia de varios premiados. Ahí está la historia de Miguel Angel Asturias que menospreció a diestra y a siniestra y que, incluso, derramó su cólera gruesa sobre García Márquez y lo calificó de plagiador de Balzac cuando se publicó Cien años de soledad. Esta obra, por cierto, ha dado para todo. Octavio Paz dijo que Cien años era también plagio de un libro de su esposa, Elena Garro, llamado Recuerdos del Porvenir. Y Elena Garro desata otra cadena de historias con Bioy Casares, su amante, y por derecha con la genial Silvina Ocampo, esposa de Bioy, que a su vez descalificaba a Garro y a la vez...
“Las letras colombianas huelen a podrido” escribió Gustavo Alvarez Gardeazábal al ser nombrado jurado de un premio cuyo ganador estaba, al parecer, elegido desde el principio.
El enredo es grande y variopintos los recelos. Son muy comentados los premios de tradición, pero los pequeños abundan. En Colombia hay más de 90. Sólo en Francia hay 1700. Aquí y allá, la emergencia de premios sorprende. Hay concursos en cada provincia, en cada vereda, en cada junta municipal. Los escoceses, en un hartazgo de premios, resolvieron marcar la diferencia y eligieron al “peor poeta de todos los tiempos”, el señor William Topaz Mc Gonagall que, según lo informó la agencia Reuters, jugaba como muchos a ser Rimbaud.
García Marquez y Vargas Llosa reunidos, entre otros, con Manuel Zapata Olivella
Los premios no siempre son censurables porque se elijan obras deplorables, sin huesecillos siquiera, sino porque se festeja con pompas terribles, vergonzosas por donde se las mire, y se otorgan coronas a destiempo, que no encajan en aquel fantasma de artista en la miseria: “El rey me da sombrero cuando ya no tengo cabeza” , dice un refrán.
Hay escándalos sonoros y enormes, y también de voces bajas y comentados en comités y camarillas llenas de malicia; escándalos mundiales o bien colombianos, por supuesto, nacidos en cunas de todos los estratos -con y sin Sisbén, como se acostumbra decir ahora-, escándalos públicos o privados, procreados por padres insospechados en fatídicas juntanzas. ¿Quién lo niega? Hay premios buenos y merecidos y a tiempo; otros malos y, por cierto, muy buscados. Hay concursantes profesionales, con una obra para cada ocasión. “Los buenos poetas no concursan” decía el crítico Hernando Téllez al referirse a ciertas prácticas donde se juega el pellejo de la ambición, no el de la obra. Ahí le salen uñas a las discusiones. Nadie discute que un premio pone en circulación obras valiosas y desconocidas. Y es obvio que las ventas aumentan casi siempre pues el ingenuo lector cree que en el valor de una obra siempre y cuando obtenga premio. Según el directo Hernando Téllez “la necesidad de la masa de que se le den seguridades, la necesidad de garantías, ideas hechas, conceptos prefabricados, en una palabra, de que le den su ración diaria del prodigioso maná de los lugares comunes para poder vivir y alimentarse intelectualmente, confiere a la institución de los premios un prestigio mágico”. “Los premios literarios son una calamidad para la literatura y un beneficio para la economía de los autores”, decía. Puede ocurrir que salgan de ahí obras maestras. Y “tal vez se amplíe el conocimiento de una obra, aun cuando eso no sea necesario para su validez evidente”, comentó cuando le dieron un premio nacional al discreto poeta colombiano Aurelio Arturo.
“Sólo he seguido viviendo estos dos últimos años para ver si me gano el Nobel”, decía Isak Dinesen, la autora de “Lejos de Africa”
Sartre rechazó el Nobel pero años después reclamó el dinero. La solicitud fue negada. Hay premios que no dan ni para la crítica pública, y que sólo hacen daño a quien se cree “consagrado” y sueña con su gloria en medio de las fiebres. Alguna vez vimos a un muchacho premiado en una provincia de no se sabe dónde que, años después, desconsolado por sus apetencias no satisfechas de gloria, practicaba un ejercicio muy recomendable para quienes aspiran a la fama: se lijaba las puntas de sus viejas vanidades contra los estantes rugosos de la biblioteca pública, repletos de obras sin lectores, premiadas en quién sabe qué lugar, que permanecían con sus tapas cerradas, firmadas por hombres, mujeres y niños, niños-niños y niños viejos que alguna vez soñaron con fama en Nueva York y, con un lugar muy, pero muy destacado en su legendaria biblioteca pública de 290 kilómetros de estantes. El escritor español Enrique Vila Matas, cuenta: “En España continuamente estamos grabando en piedra, dándoles premios nacionales o rindiéndoles grandes homenajes a escritores malísimos. En España es una práctica habitual ese continuo rendir culto y homenaje a ineptos, jaleados por la televisión, la crítica y la academia.
Pero estamos tan acostumbrados a ello que lo encontramos normal y ni siquiera nos reímos ni nos extraña. Aplaudir o buscar la firma de nuestros más pésimos escritores es una arraigada costumbre nacional. Y es que, como decía Oscar Wilde, nuestro público lector tiene una insaciable curiosidad por conocerlo todo, excepto aquello que verdaderamente vale la pena.”
Cuando a T.S Eliot le preguntaban por qué no escribía más él respondía: Para dar buen ejemplo. Y agregaba que el principal enemigo de la buena literatura es que los escritores tengan la necesidad de ganarse la vida con lo que escriben (y los premios). Porque el resultado es que todos sucumben a los tres demasiado: Empiezan a escribir demasiado pronto, escriben demasiado rápido y escriben demasiado.
Algunos autores después de recibir un premio y las adulaciones de los medios más vociferantes no son capaces de volver a escribir, como le ocurrió a Jean Carrière que luego de recibir el Goncourt en 1972, hizo una pública protesta por la manera en que aquel reconocimiento le había arruinado su vida, anulándolo para nuevos escritos. Ser elegido no es garantía de fortuna. Truman Capote, que se ganó un premio a partir del cual empezó su decadencia, citaba a Santa Teresa: “Se llora más por las plegarias atendidas que por las ignoradas”. Hemingway al recibir el Nobel recomendaba con gesto críptico el silencio 6
* El Colombiano, octubre 14 de 2003. Página 5ª.
Ocioso lector
El lenguaje de algunos funcionarios
Ana Ochoa Acosta Periodista elpulso@elhospital.org.co
El gran escritor argentino Adolfo Bioy Casares se divertía registrando las frases de cajón y los términos que se ponen de moda entre los funcionarios. Alguna vez publicó un “Generador Automático de Frases Técnicas (GAFT), destinado a la edificación y el socorro de funcionarios y burócratas, consistente en una lista de palabras en tres columnas. Toda vez que el funcionario se proponga mejorar el tono de un escrito elegirá al azar tres números, del 0 al 9 y obtendrá frases como recurso alternativo balanceado y otras semejantes… Así, ad nauseam.”
0
Proceso Operativo Optimizado
1
Modelo Crítico Paralelo
2
Reequipamiento Comparativo Integrado
3
Criterio Intersectorial Prioritario
4
Recurso Dinámico Inelástico
5
Factor Alternativo Estratégico
6
Coeficiente Vegetativo Tecnológico
7
Programa Lineal Compatible
8
Insumo Matricial Balanceado
9
Producto Marginal Flexible
Tomado de Adolfo Bioy Casares. Obras completas. Norma

Un récord inesperado de turistas se registró en los tres parques arqueológicos colombianos: San Agustín, Ciudad Perdida y Tierradentro. Según datos del Gobierno, el número de visitantes casi se duplicó, pasando de 28.000 turistas en el año 2002 a 58.000 en el 2003.

Tal vez la lechuza herida que alguna vez cuidó Picasso inspiró su escultura “Pequeña lechuza”, pieza extraña que acaba de ser adquirida por el Museo Kroeller-Mueller de la ciudad holandesa de Otterlo por dos millones de dólares. La figura de yeso, cerámica y metal fue creada entre los años 1951 y 1953.

'Querida Jane, querida Charlotte' es un ensayo sobre las hermanas Bronte y Jane Austen escrito por la joven escritora española Espido Freire, quien “decidió enfrentarse al reto de descubrir porqué y cómo cuatro mujeres solteras y pobres, autodidactas, con mala salud y apartadas de un ambiente propicio para la creación, en una época difícil y que murieron antes de llegar a la cuarentena, escribieron algunos de las mejores novelas de la literatura.”

Dos exposiciones: Artes plásticas y derechos humanos en el Museo de Arte Moderno de Medellín y Diez años de adquisiciones de arte joven, 1992-2002, en el Banco de la República de Bogotá, en la que se exhiben 96 obras de artistas colombianos y latinoamericanos adquiridas en el último decenio, cuando los artistas eran menores de 45 años.

37 Joyas en oro y piedras preciosas diseñadas por Salvador Dalí, con sus pinturas y bocetos, forman parte de la novedosa colección recuperada por la Fundación Gala Dalí, creada en 1983 por el propio artista para gestionar todos sus bienes y derechos, de los cuales es heredero universal el Estado español desde la muerte del pintor catalán, hace 15 años. Los tres museos que administra son: el Teatro-Museo Dalí, en Figueras; la Casa-museo Salvador Dalí, en Portlligat (Cadaqués); y el Castillo Gala Dalí, en Púbol (La Pera).

"La mala educación”, película de Pedro Almodóvar inaugurará el Festival de Cannes. “Es un logro porque ninguna película española ha abierto jamás el festival” dijo el director. “No hay una manera mejor de ir a Cannes, de pasearse por la alfombra roja, sin los nervios de la competición, y con el orgullo de ser la primera película que se va a ver.” Del tema de la cinta afirmó: “Es un milagro que los que hemos sufrido esa espantosa educación no nos hayamos convertido en algo peor de lo que somos”

Crece el interés por la música como opción profesional. La Coral Tomás Luis de Victoria, fundada en 1951 en Medellín, tiene abiertas las matrículas para los cursos de: Estimulación e iniciación musical, canto, instrumentos acústicos, eléctricos y electrónicos, lectura y apreciación musical e iniciación en dirección, entre otros.



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