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En
esta edición... |
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Premios |
Para
pesar, posar, pisar y pasar en el mundo de las letras
Ana
Ochoa Acosta Periodista elpulso@elhospital.org.co |
Alfred Nobel. El primer premio se otorgó
en 1901 al frances Armand.
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Qué
farsa, qué bellaquería... Las
letras colombianas huelen a podrido denunciaba hace
poco el escritor Gustavo Alvarez Gardeazábal. Creyéndome
un pendejo redomado, contaba, lo nombraron jurado
de un premio literario en el que la editorial organizadora
tenía desde el principio el ganador elegido. Los
gestores de esta trama fueron los dueños de la editorial
SYC de Bucaramanga, (la familia de Pablo Gallinazo, el nadaísta),
que ingeniosamente hace libros por encargo y no por tiraje.

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Organizaron el concurso
de novela breve Cepeda Samudio, le pusieron cinco mil dólares
de premio que en Colombia es una suma extraordinaria y me nombraron
jurado en compañía de Juan Gustavo Cobo Borda,
gran pontífice de la rosca literaria bogotana y de Enrique
Serrano, un nuevo escritor colombiano que en medio de la crisis
nacional escribe novelas sobre Tamerlán y los nietos
de Gengis Kahn (*).
Hay premios de todas las clases y escándalos de todas
las estirpes. Hay premios que se celebran con alegría
como el Alfaguara de novela otorgado el 23 de febrero en España
a la colombiana Laura Restrepo, y otros también estimulantes,
entre los que sobresalen los de universidades como la de Antioquia.
Pero también hay premios literarios extravagantes que
llegan como ventarrones, soplando cosas raras al oído,
historias de intrigas y comercios que dejan mal parados, no
sólo a quienes los reciben, sino a quienes los dan. No
siempre porque se elijan obras deplorables, sin huesecillos
siquiera, sino porque se festeja con pompas terribles, vergonzosas
por donde se las mire, y se otorgan coronas a destiempo, que
no encajan en aquel espectro de artista premortem o en aquel
fantasma de artista en la miseria: El rey me da sombrero
cuando ya no tengo cabeza , dice un refrán. |
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Hay premios estimulantes como el Alfaguara
recibido por la colombiana Laura Restrepo y otros, entre los
que sobresalen los de algunas universidades. Pero también
hay premios extravagantes que llegan como ventarrones, soplando
cosas raras al oído, historias de intrigas y comercios
que dejan mal parados, no sólo a quienes los reciben,
sino a quienes los dan.
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| Los jurados, las obras elegidas,
las roscas y las broncas reales o supuestas, las vanidades de
algún vencedor y los venenos de algún vencido
hacen
que los premios sean con frecuencia motivo de confrontación.
En Colombia, donde una serpiente común puede matar hasta
25 perros, cualquier cosa puede esperarse. Así que no
sólo son los escándalos del publicitado Goncourt
o los del Nobel, con historias clásicas como la de Sartre
reclamando el dinero años después de haber rechazado
el premio; o la de aspirantes en fila, como Isak Dinnesen, la
de Lejos de Africa, que decía: Sólo he seguido
viviendo estos últimos años porque quiero que
me den el Nobel. Se ha visto de todo. Albert Cohen descalificó
el ingreso a la Academia Francesa de Marguerite Yourcenar porque,
según decía, una escritora tan gorda no podía
ser buena. Temibles furores han desatado los premios y ha sido
conocida la soberbia de varios premiados. Ahí está
la historia de Miguel Angel Asturias que menospreció
a diestra y a siniestra y que, incluso, derramó su cólera
gruesa sobre García Márquez y lo calificó
de plagiador de Balzac cuando se publicó Cien años
de soledad. Esta obra, por cierto, ha dado para todo. Octavio
Paz dijo que Cien años era también plagio de un
libro de su esposa, Elena Garro, llamado Recuerdos del Porvenir.
Y Elena Garro desata otra cadena de historias con Bioy Casares,
su amante, y por derecha con la genial Silvina Ocampo, esposa
de Bioy, que a su vez descalificaba a Garro y a la vez... |
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Las letras colombianas huelen a podrido
escribió Gustavo Alvarez Gardeazábal al ser
nombrado jurado de un premio cuyo ganador estaba, al parecer,
elegido desde el principio.
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El
enredo es grande y variopintos los recelos. Son muy comentados
los premios de tradición, pero los pequeños abundan.
En Colombia hay más de 90. Sólo en Francia hay
1700. Aquí y allá, la emergencia de premios sorprende.
Hay concursos en cada provincia, en cada vereda, en cada junta
municipal. Los escoceses, en un hartazgo de premios, resolvieron
marcar la diferencia y eligieron al peor poeta de todos
los tiempos, el señor William Topaz Mc Gonagall
que, según lo informó la agencia Reuters, jugaba
como muchos a ser Rimbaud.
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García Marquez y Vargas Llosa
reunidos, entre otros, con Manuel Zapata Olivella
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Los premios no siempre son censurables porque
se elijan obras deplorables, sin huesecillos siquiera, sino
porque se festeja con pompas terribles, vergonzosas por donde
se las mire, y se otorgan coronas a destiempo, que no encajan
en aquel fantasma de artista en la miseria: El rey me
da sombrero cuando ya no tengo cabeza , dice un refrán.
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Hay escándalos sonoros y enormes, y también de
voces bajas y comentados en comités y camarillas llenas
de malicia; escándalos mundiales o bien colombianos,
por supuesto, nacidos en cunas de todos los estratos -con y
sin Sisbén, como se acostumbra decir ahora-, escándalos
públicos o privados, procreados por padres insospechados
en fatídicas juntanzas. ¿Quién lo niega?
Hay premios buenos y merecidos y a tiempo; otros malos y, por
cierto, muy buscados. Hay concursantes profesionales, con una
obra para cada ocasión. Los buenos poetas no concursan
decía el crítico Hernando Téllez al referirse
a ciertas prácticas donde se juega el pellejo de la ambición,
no el de la obra. Ahí le salen uñas a las discusiones.
Nadie discute que un premio pone en circulación obras
valiosas y desconocidas. Y es obvio que las ventas aumentan
casi siempre pues el ingenuo lector cree que en el valor de
una obra siempre y cuando obtenga premio. Según el directo
Hernando Téllez la necesidad de la masa de que
se le den seguridades, la necesidad de garantías, ideas
hechas, conceptos prefabricados, en una palabra, de que le den
su ración diaria del prodigioso maná de los lugares
comunes para poder vivir y alimentarse intelectualmente, confiere
a la institución de los premios un prestigio mágico.
Los premios literarios son una calamidad para la literatura
y un beneficio para la economía de los autores,
decía. Puede ocurrir que salgan de ahí obras maestras.
Y tal vez se amplíe el conocimiento de una obra,
aun cuando eso no sea necesario para su validez evidente,
comentó cuando le dieron un premio nacional al discreto
poeta colombiano Aurelio Arturo. |
Sólo he seguido viviendo
estos dos últimos años para ver si me
gano el Nobel, decía Isak Dinesen, la
autora de Lejos de Africa
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Sartre rechazó el Nobel pero años
después reclamó el dinero. La solicitud fue negada.
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Hay
premios que no dan ni para la crítica pública,
y que sólo hacen daño a quien se cree consagrado
y sueña con su gloria en medio de las fiebres. Alguna
vez vimos a un muchacho premiado en una provincia de no se sabe
dónde que, años después, desconsolado por
sus apetencias no satisfechas de gloria, practicaba un ejercicio
muy recomendable para quienes aspiran a la fama: se lijaba las
puntas de sus viejas vanidades contra los estantes rugosos de
la biblioteca pública, repletos de obras sin lectores,
premiadas en quién sabe qué lugar, que permanecían
con sus tapas cerradas, firmadas por hombres, mujeres y niños,
niños-niños y niños viejos que alguna vez
soñaron con fama en Nueva York y, con un lugar muy, pero
muy destacado en su legendaria biblioteca pública de
290 kilómetros de estantes. El escritor español
Enrique Vila Matas, cuenta: En España continuamente
estamos grabando en piedra, dándoles premios nacionales
o rindiéndoles grandes homenajes a escritores malísimos.
En España es una práctica
habitual ese continuo rendir culto y homenaje a ineptos, jaleados
por la televisión, la crítica y la academia.
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| Pero estamos tan
acostumbrados a ello que lo encontramos normal y ni siquiera
nos reímos ni nos extraña. Aplaudir o buscar la
firma de nuestros más pésimos escritores es una
arraigada costumbre nacional. Y es que, como decía Oscar
Wilde, nuestro público lector tiene una insaciable curiosidad
por conocerlo todo, excepto aquello que verdaderamente vale
la pena.
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Cuando a T.S Eliot le preguntaban por qué
no escribía más él respondía:
Para dar buen ejemplo. Y agregaba que el principal enemigo
de la buena literatura es que los escritores tengan la necesidad
de ganarse la vida con lo que escriben (y los premios). Porque
el resultado es que todos sucumben a los tres demasiado: Empiezan
a escribir demasiado pronto, escriben demasiado rápido
y escriben demasiado.
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Algunos autores después
de recibir un premio y las adulaciones de los medios más
vociferantes no son capaces de volver a escribir, como le ocurrió
a Jean Carrière que luego de recibir el Goncourt en 1972,
hizo una pública protesta por la manera en que aquel
reconocimiento le había arruinado su vida, anulándolo
para nuevos escritos. Ser elegido no es garantía de fortuna.
Truman Capote, que se ganó un premio a partir del cual
empezó su decadencia, citaba a Santa Teresa: Se
llora más por las plegarias atendidas que por las ignoradas.
Hemingway al recibir el Nobel recomendaba con gesto críptico
el silencio 6
* El Colombiano, octubre 14 de 2003. Página 5ª. |
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| Ocioso
lector
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El lenguaje
de algunos funcionarios
Ana
Ochoa Acosta Periodista elpulso@elhospital.org.co |
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El gran escritor
argentino Adolfo Bioy Casares se divertía registrando
las frases de cajón y los términos que se ponen
de moda entre los funcionarios. Alguna vez publicó
un Generador Automático de Frases Técnicas
(GAFT), destinado a la edificación y el socorro de
funcionarios y burócratas, consistente en una lista
de palabras en tres columnas. Toda vez que el funcionario
se proponga mejorar el tono de un escrito elegirá al
azar tres números, del 0 al 9 y obtendrá frases
como recurso alternativo balanceado y otras semejantes
Así, ad nauseam.
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0
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Proceso |
Operativo |
Optimizado |
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1
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Modelo |
Crítico |
Paralelo |
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2
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Reequipamiento |
Comparativo |
Integrado |
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3
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Criterio |
Intersectorial |
Prioritario |
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4
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Recurso |
Dinámico |
Inelástico |
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5
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Factor |
Alternativo |
Estratégico |
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6
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Coeficiente |
Vegetativo |
Tecnológico |
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7
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Programa |
Lineal |
Compatible |
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8
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Insumo |
Matricial |
Balanceado |
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9
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Producto |
Marginal |
Flexible |
Tomado de Adolfo Bioy
Casares. Obras completas. Norma
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Un récord inesperado
de turistas se registró en los tres parques arqueológicos
colombianos: San Agustín, Ciudad Perdida y Tierradentro.
Según datos del Gobierno, el número de visitantes
casi se duplicó, pasando de 28.000 turistas en el año
2002 a 58.000 en el 2003.

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| Tal
vez la lechuza herida que alguna vez cuidó Picasso inspiró
su escultura Pequeña lechuza, pieza extraña
que acaba de ser adquirida por el Museo Kroeller-Mueller de
la ciudad holandesa de Otterlo por dos millones de dólares.
La figura de yeso, cerámica y metal fue creada entre
los años 1951 y 1953. |
'Querida
Jane, querida Charlotte' es un ensayo sobre las hermanas
Bronte y Jane Austen escrito por la joven escritora española
Espido Freire, quien decidió enfrentarse al
reto de descubrir porqué y cómo cuatro mujeres
solteras y pobres, autodidactas, con mala salud y apartadas
de un ambiente propicio para la creación, en una
época difícil y que murieron antes de llegar
a la cuarentena, escribieron algunos de las mejores novelas
de la literatura.
Dos
exposiciones: Artes plásticas y derechos humanos
en el Museo de Arte Moderno de Medellín y Diez años
de adquisiciones de arte joven, 1992-2002, en el Banco de
la República de Bogotá, en la que se exhiben
96 obras de artistas colombianos y latinoamericanos adquiridas
en el último decenio, cuando los artistas eran menores
de 45 años.
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Joyas en oro y piedras preciosas diseñadas por Salvador
Dalí, con sus pinturas y bocetos, forman parte de
la novedosa colección recuperada por la Fundación
Gala Dalí, creada en 1983 por el propio artista para
gestionar todos sus bienes y derechos, de los cuales es
heredero universal el Estado español desde la muerte
del pintor catalán, hace 15 años. Los tres
museos que administra son: el Teatro-Museo Dalí,
en Figueras; la Casa-museo Salvador Dalí, en Portlligat
(Cadaqués); y el Castillo Gala Dalí, en Púbol
(La Pera).
"La
mala educación, película de Pedro Almodóvar
inaugurará el Festival de Cannes. Es un logro
porque ninguna película española ha abierto
jamás el festival dijo el director. No
hay una manera mejor de ir a Cannes, de pasearse por la
alfombra roja, sin los nervios de la competición,
y con el orgullo de ser la primera película que se
va a ver. Del tema de la cinta afirmó: Es
un milagro que los que hemos sufrido esa espantosa educación
no nos hayamos convertido en algo peor de lo que somos
Crece
el interés por la música como opción
profesional. La Coral Tomás Luis de Victoria, fundada
en 1951 en Medellín, tiene abiertas las matrículas
para los cursos de: Estimulación e iniciación
musical, canto, instrumentos acústicos, eléctricos
y electrónicos, lectura y apreciación musical
e iniciación en dirección, entre otros.
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