EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 78   MARZO DEL AÑO 2005    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Asistente de edición: Olga Lucía Muñoz López. Web master: Santiago Ospina Gómez

Un manual mínimo

Se viene anunciando repetidamente que en poco tiempo saldrá a la luz pública el manual de tarifas mínimas para el sector salud. Creemos que en realidad no serán mínimas, ni serán para el sector salud. Ya conocemos lo sucedido con las tarifas del SOAT y las de ISS en otro tiempo. Unas y otras, en sus momentos, establecían los parámetros de pago, porque a decir verdad, no eran de contratación. Y también recordamos como el manual tarifario del ISS iba siendo mantenido por meses y su actualización pospuesta repetidamente. Con unas y otras, las EPS y asimiladas, en su ley, y las clínicas y demás centros, en contra de la suya, acordaban unas tarifas con descuentos sobre los descuentos y con incrementos insignificantes sobre los descuentos, hasta llegar a una verdadera torre de Babel en la que ya era prácticamente imposible que alguien dijera cuanto se pagaba en el medio, en pesos colombianos, por un procedimiento, a no ser que se tuviera la habilidad de dilucidar el algoritmo de usanza: ISS 2000 más 4, más 5, menos 2, por pronto pago, o algo así.
Es claro que el problema tarifario, queja repetida de clínicas, hospitales y demás, no puede estar apoyado en la generosidad de la contraparte, puesto que su tarea es hacer su mejor negociación, ni tampoco debe ser el resultado de su propia debilidad o de su apresuramiento, con visión de corto plazo. El afán de arreglar hoy y mañana veremos, es gravísimo para la estabilidad no solo de los centros asistenciales, sino de todos, incluidas las mismas EPS.
Las clínicas y demás centros muy pocas veces están satisfechas con las tarifas que negocian, acusando que ellas no cubren sus costos. Pero seamos sinceros y preguntemos: ¿culpa de quién?
Un manual tarifario que estipule montos mínimos no será la solución en esa materia para el sector asistencial, que año a año entrega los exiguos beneficios que legítimamente le corresponden y que administrativamente debe lograr para poder cumplir con las exigencias cada vez más apretadas del Ministerio de la Protección Social y de los entes de control.
Tampoco serán las tarifas para el sector de la salud, como se ha dicho, puesto que está clarísimo que ellas serían para aplicar en los centros asistenciales, puesto que el manual se referirá a procedimientos médicos u hospitalarios, es decir asistenciales, en una palabra, y no para el sector salud en forma general como se habla.
La expedición por el gobierno, a ruego del sector asistencial, de un manual de tarifas mínimas, es la solicitud de intervención del Estado en una actividad privada como un mecanismo regulador que francamente no debería darse en un medio donde se muestra y demuestra que las reglas que valen son las de la oferta y demanda y que son, además, las que aún con manual de tarifas mínimas, manejarán las relaciones económicas del sector.
El deseado manual tendría alguna presentación en las actuales circunstancias que vivimos, si el beneficiario directo fuera el paciente. Pero esto ni siquiera ha sido considerado, ojo, ni por unos ni por otros. La discusión por el manual y por su estructuración y contenido, es, ni más ni menos, la evidencia de que se abandonó el plano de la defensa de los verdaderos intereses, de los más sentidos y justificados del sector asistencial, es decir, los intereses del paciente.
Está claro que la discusión hoy por hoy ya está en otro plano: sólo en el plano económico. Sin querer decir que él no sea importante, es lo único que está gobernando el temario que hay sobre la mesa.
Entre tanto, los pacientes seguirán soportando la indiferencia de quién debe dar una orden de atención, continuarán viendo pasar los días esperando una llamada para un procedimiento que requieren, seguirán haciendo lo imposible por adquirir un medicamento que no se les suministra, y tendrán que resignarse ante la evidencia de su propia impotencia para obtener lo que en justicia y en el plano humano merecen y requieren. Los médicos por su parte, continuarán formulando lo que se les permite y sólo eso, continuarán trabajando a marchas forzadas para alcanzar los rendimientos establecidos por su patrón, y tendrán que hacer caso omiso del dolor y ruego de su paciente, como se pasa con la cara muy dura y fría ante un problema que puede comprometer en materia grave lo propio.
Qué mala cosa un manual mínimo de tarifas. No cuestionemos los resultados económicos antes de que se presenten, pero si nos preocupa lo que entraña desde el punto de vista político y desde el punto de vista del mensaje que se emite, ante todos los más damnificados de un sistema de salud duro e impersonal, para los cuales él no será ningún lenitivo.
 




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