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Se viene anunciando
repetidamente que en poco tiempo saldrá a la luz pública
el manual de tarifas mínimas para el sector salud.
Creemos que en realidad no serán mínimas, ni
serán para el sector salud. Ya conocemos lo sucedido
con las tarifas del SOAT y las de ISS en otro tiempo. Unas
y otras, en sus momentos, establecían los parámetros
de pago, porque a decir verdad, no eran de contratación.
Y también recordamos como el manual tarifario del ISS
iba siendo mantenido por meses y su actualización pospuesta
repetidamente. Con unas y otras, las EPS y asimiladas, en
su ley, y las clínicas y demás centros, en contra
de la suya, acordaban unas tarifas con descuentos sobre los
descuentos y con incrementos insignificantes sobre los descuentos,
hasta llegar a una verdadera torre de Babel en la que ya era
prácticamente imposible que alguien dijera cuanto se
pagaba en el medio, en pesos colombianos, por un procedimiento,
a no ser que se tuviera la habilidad de dilucidar el algoritmo
de usanza: ISS 2000 más 4, más 5, menos 2, por
pronto pago, o algo así.
Es claro que el problema tarifario, queja repetida de clínicas,
hospitales y demás, no puede estar apoyado en la generosidad
de la contraparte, puesto que su tarea es hacer su mejor negociación,
ni tampoco debe ser el resultado de su propia debilidad o
de su apresuramiento, con visión de corto plazo. El
afán de arreglar hoy y mañana veremos, es gravísimo
para la estabilidad no solo de los centros asistenciales,
sino de todos, incluidas las mismas EPS.
Las clínicas y demás centros muy pocas veces
están satisfechas con las tarifas que negocian, acusando
que ellas no cubren sus costos. Pero seamos sinceros y preguntemos:
¿culpa de quién?
Un manual tarifario que estipule montos mínimos no
será la solución en esa materia para el sector
asistencial, que año a año entrega los exiguos
beneficios que legítimamente le corresponden y que
administrativamente debe lograr para poder cumplir con las
exigencias cada vez más apretadas del Ministerio de
la Protección Social y de los entes de control.
Tampoco serán las tarifas para el sector de la salud,
como se ha dicho, puesto que está clarísimo
que ellas serían para aplicar en los centros asistenciales,
puesto que el manual se referirá a procedimientos médicos
u hospitalarios, es decir asistenciales, en una palabra, y
no para el sector salud en forma general como se habla.
La expedición por el gobierno, a ruego del sector asistencial,
de un manual de tarifas mínimas, es la solicitud de
intervención del Estado en una actividad privada como
un mecanismo regulador que francamente no debería darse
en un medio donde se muestra y demuestra que las reglas que
valen son las de la oferta y demanda y que son, además,
las que aún con manual de tarifas mínimas, manejarán
las relaciones económicas del sector.
El deseado manual tendría alguna presentación
en las actuales circunstancias que vivimos, si el beneficiario
directo fuera el paciente. Pero esto ni siquiera ha sido considerado,
ojo, ni por unos ni por otros. La discusión por el
manual y por su estructuración y contenido, es, ni
más ni menos, la evidencia de que se abandonó
el plano de la defensa de los verdaderos intereses, de los
más sentidos y justificados del sector asistencial,
es decir, los intereses del paciente.
Está claro que la discusión hoy por hoy ya está
en otro plano: sólo en el plano económico. Sin
querer decir que él no sea importante, es lo único
que está gobernando el temario que hay sobre la mesa.
Entre tanto, los pacientes seguirán soportando la indiferencia
de quién debe dar una orden de atención, continuarán
viendo pasar los días esperando una llamada para un
procedimiento que requieren, seguirán haciendo lo imposible
por adquirir un medicamento que no se les suministra, y tendrán
que resignarse ante la evidencia de su propia impotencia para
obtener lo que en justicia y en el plano humano merecen y
requieren. Los médicos por su parte, continuarán
formulando lo que se les permite y sólo eso, continuarán
trabajando a marchas forzadas para alcanzar los rendimientos
establecidos por su patrón, y tendrán que hacer
caso omiso del dolor y ruego de su paciente, como se pasa
con la cara muy dura y fría ante un problema que puede
comprometer en materia grave lo propio.
Qué mala cosa un manual mínimo de tarifas. No
cuestionemos los resultados económicos antes de que
se presenten, pero si nos preocupa lo que entraña desde
el punto de vista político y desde el punto de vista
del mensaje que se emite, ante todos los más damnificados
de un sistema de salud duro e impersonal, para los cuales
él no será ningún lenitivo. |
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