MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 92  MAYO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co
Situación actual de
la acreditación en salud
Carlos Edgar Rodríguez H., MD - Especialista en Administración de servicios de salud y Gerencia Social, Magíster en Bioética, Director Nacional de Acreditación en Salud Icontec - elpulso@elhospital.org.co
El Sistema Único de Acreditación en salud avanza y se consolida como importante herramienta para fomentar una verdadera cultura de calidad en el sector salud; es un proceso de largo plazo para los países que se comprometen en adelantarlo y el camino debe recorrerse en forma gradual y agotando cada etapa. Desde el diseño, la filosofía de la acreditación es clara: centrar la atención en el usuario, velar por su seguridad y su dignidad. Para ello, se incluyó la orientación del Consejo Canadiense de Acreditación en la formulación de estándares y se revisó la experiencia de 12 países. El sentido de la acreditación es fielmente aplicado por Icontec desde su implementación hace dos años, como resultado del concurso de méritos realizado por el Ministerio de la Protección Social.
El sistema busca comprometer a las instituciones en un proceso de largo plazo, con comienzo pero sin final, que no puede considerarse una moda gerencial o una imposición más. Hay pasos concretos estudiados y probados como mecanismo para el mejoramiento continuo de la calidad, con beneficio directo para los usuarios y para el sistema de salud.
Lo que se promueve
La base del sistema de acreditación es el uso de unos estándares previamente conocidos y aprobados, específicos para el sector salud, que tienen como ingrediente principal el centrarse en los diferentes pasos de la atención al usuario de los servicios de salud, de tal forma que las instituciones garanticen que desde el ingreso hasta después de su salida, el usuario y su familia son informados adecuadamente sobre sus deberes y derechos, se respeta su dignidad y privacidad, y sobre todo, que el proceso de atención se brinda con apego a procesos demostrables, guías de diagnóstico y tratamiento basadas en evidencia científica, tecnología adecuada y atención integral que comprenda todos los pasos, para garantizar no sólo la recuperación sino un mejor estado de salud en general.
La acreditación promueve especialmente el atributo “seguridad de la atención”. Se trata de prevenir todos los posibles eventos adversos, complicaciones, secuelas etc., que sean prevenibles, para lo cual se exige a las instituciones tener una política clara de notificación e intervención de eventos adversos, un programa de auditoría para el mejoramiento de la calidad, indicadores específicos de proceso y resultado de la atención, parámetros de comparación con otras entidades, seguridad en administración de medicamentos, control de la disposición de desechos, una estructura segura, registros de la atención oportunos y confiables, y en general, todo aquello que contribuya a una atención de buena calidad.
Cualquiera que revise estas exigencias y los pasos del proceso, comprenderá que la acreditación no es un objetivo de corto plazo y mucho menos una finalidad en sí misma; la acreditación debe comprenderse como un instrumento de mejora, cuya utilidad práctica está probada: fomenta el trabajo en equipo, genera cultura de calidad y mejoramiento continuo, hace reflexionar e intervenir oportunamente posibles errores en la prestación del servicio y evitar con ello daños a pacientes o familiares, motiva la recuperación del sentido del quehacer como profesionales de la salud y enseña a valorar los logros de todos.
Lo que se ha hecho
En estos dos años se logró que el sector sea consciente de la importancia del tema y de la responsabilidad de todos frente al mismo. Para presentar la solicitud, es necesario conocer los estándares y su orientación, constituir equipos de trabajo (grupos de autoevaluación), analizar limitaciones para cumplir los estándares, establecer acciones de mejora, calificarse y autoevaluarse, hasta tener la seguridad que la institución avanzó razonablemente en el cumplimiento de los parámetros establecidos.
Después viene el proceso de evaluación externa, que realiza en forma neutral, autónoma e independiente el Icontec, en una visita en la que se mira la organización como un todo, por profesionales idóneos que conocen tanto las instituciones de salud como los estándares, y que superaron un proceso riguroso de selección y capacitación previa. Luego, y a partir de los informes elaborados por los evaluadores, viene la etapa de análisis y el concepto de la Junta de Acreditación, que decide si otorga o niega la acreditación; el trámite final es la ratificación de la decisión ante el Consejo Directivo de Icontec. Como se ve, el proceso tiene etapas en las cuales se busca garantizar la máxima coherencia en las decisiones.
A la fecha están acreditadas 8 instituciones: Instituto del Corazón de la Fundación Cardiovascular de Colombia, octubre 26/04; Hospital Pablo Tobón Uribe, abril 29/05; Hospital General de Medellín Luz Castro de Gutiérrez ESE, noviembre 11/05; ESE Hospital del Sur Gabriel Jaramillo Piedrahíta, noviembre 30/05; ESE Hospital Pablo VI, febrero 14/06; Centro Policlínico del Olaya, febrero 14/06; ESE Hospital París-Acevedo-Fontidueño, febrero 14/06 y el Centro Médico Imbanaco, abril 26/06.
Cabe señalar que 3 de las 4 instituciones públicas acreditadas participaron en la prueba piloto realizada por Icontec en octubre/04, lo cual comprueba el efecto del trabajo continuo en procura de la calidad y debe evitar sorpresas a quien se pregunte las razones de dichas acreditaciones.
Las experiencias de cada institución acreditada darían lugar a otra publicación; sin embargo, vale destacar algunas cualidades generales que deben tenerse en cuenta como modelo a seguir; entre otras, la sistematización de historia clínica completa en algunas instituciones; el énfasis en mantener informados a usuarios y familiares, incluyendo el abordaje de situaciones complejas relacionadas con nivel social, económico y académico de los usuarios; y la perseverante lucha por ofrecer atención oportuna, segura, humanizada y de alto nivel, independiente de las dificultades de recursos, los flujos de pago en el sistema, etc. Un punto en el que se hace énfasis, es la necesidad de tener instituciones de alto nivel de calidad, pero a la vez sensibles al dolor y la incertidumbre que la enfermedad genera: es tiempo de volver por los fueros de un ejercicio sensible y humanizado que hará mucho bien a un sistema a veces calificado de insensible y mercantilizado, por los pacientes.
Las instituciones acreditadas asumen una enorme responsabilidad como ejemplo de sensibilidad, trato amable y respetuoso, y deben convertirse en instituciones de puertas abiertas que muestran a otras sus experiencias de calidad.
El sistema avanza, lento pero seguro. Se enfatiza mucho en ello; no se trata de poner de moda otro certificado, sino de beneficiar a la población con servicios de salud confiables, de alta calidad, seguros y centrados en los usuarios. En razón de ello, las instituciones que quieran aplicar han de tener conciencia de los pasos del proceso y del concepto de largo plazo involucrado. A la vez y de acuerdo con el principio de gradualidad, el Ministerio de la Protección Social, la Junta de Acreditación e Icontec, modificaron el puntaje mínimo requerido para acreditarse en salud, al aumentar la exigencia de 250 a 280 puntos, establecer una nueva categoría -la de acreditado con excelencia- para instituciones que obtengan más de 400 puntos de los 500 posibles y definir el número máximo de estándares cuya calificación puede ser menor de lo esperado (ver cuadro).
Todas estas decisiones contribuyen a que el proceso sea cada vez más exigente, de forma que sirva para diferenciar realmente aquellas instituciones meritorias, que se consagran al trabajo de calidad superior.
Cabe destacar el trabajo del gobierno nacional, en particular del Ministerio de la Pro-tección Social, como impulsor del sistema. Ha respetado la independencia y autonomía del organismo acreditador y asumido retos importantes para el desarrollo del sistema, como la conformación de la Unidad Sectorial de Normalización; ha promovido la discusión para hacer realidad una política de incentivos para instituciones que logren la acreditación, tema complejo pero de enorme importancia para el despegue del sistema. En la expedición de las normas que ajustan el actual Sistema Obligatorio de Garantía también han tomado forma algunas de nuestras inquietudes para el avance del sistema, en especial las relacionadas con la definición de un sistema de información para la calidad.
Estos avances son importantes y necesarios para el país, aunque es indudable que el camino por recorrer es mucho mayor que el recorrido. Entre otros temas, se requiere fortalecer estándares para IPS, de forma que la acreditación no se oriente exclusivamente a lo asistencial, sino que incluya aspectos tan importantes como promoción y prevención, salud pública, responsabilidad social, enfoque comunitario, etc. En la misma línea es urgente resolver la asimetría de exigencias, para que la acreditación de aseguradoras sea una realidad en el corto plazo; los avances recientes, a partir de las pruebas piloto realizadas a fines del año pasado, demuestran no sólo que es posible sino necesario incluir a los aseguradores en este cambio cultural.
También es importante tener clara la orientación gradual del sistema: las exigencias no pueden ser tan altas como para que nadie las cumpla, pero tampoco tan bajas como para que no contribuyan a mejorar la calidad. Entre estos dos extremos tiene que irse dando la afinación de los estándares, tarea principal de la unidad sectorial de normalización.
Hay mucho por comentar sobre el desarrollo de la acreditación en salud; por ahora, es importante tener claro que el sistema avanza, que muchas instituciones trabajan en esta noble causa y que los resultados se traducirán en salud de mayor calidad para la gente.
 
 
 







 



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