MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 50   NOVIEMBRE DEL AÑO 2002    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co
Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Augusto Escobar Mesa, Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez.
El Plan Estratégico de Minsalud

La pregunta parece simple: ¿dentro del ambiente de la Ley 100, cuáles son los aspectos que hay que mejorar con prontitud? La respuesta parece que tampoco es difícil: la salud pública, la prestación de servicios y el aseguramiento. En estos tres elementos está la esencia del plan estratégico del actual Ministerio de Salud para este cuatrienio. El plan a su vez requiere, como lo ha señalado el señor ministro Juan Luis Londoño, de cuatro herramientas que son: financiación, normatividad, información y control.
En el número anterior de El Pulso, el señor director de la Cámara de la Salud de la ANDI, doctor Francisco de Paula Gómez, presentó un excelente comentario sobre cada uno de los tópicos que comprenden los enunciados anteriores.
El Ministerio de Salud en general y el Señor Ministro en particular, tienen al frente una tarea muy grande que emprender, no sólo por lo que se debe hacer para ejecutar el plan y enmendar errores que arrastramos desde el año de la ley, el 93, sino porque la situación de salud de la gente y el manejo de sus oportunidades de atención y servicios, se está saliendo por entre los dedos.
Públicamente no se ha dicho nada de la situación de los enfermos de cáncer que mueren esperando una llamada telefónica para citarlos a cirugía, ni de los enfermos coronarios que después de ires y venires, tutelas y demandas, se les soluciona su problema con un stent, pero se les niega el medicamento de mantenimiento; y tampoco se ha dicho nada en voz alta sobre el aterrador y vergonzoso aumento de la mortalidad de maternas de alto riesgo, siendo ésta una variable que mide no sólo el nivel de desarrollo de un país, sino que demuestra el estado del espíritu y la condición de su alma.
De estas y muchas más situaciones graves y entristecedoras, saben todas las instancias de vigilancia y los médicos y las enfermeras y la gente común y corriente y los deudos de todos los que mueren dispersos y en silencio. No es sensación; realmente la situación es dramática, es grave y es espantosa, pero ya nada nos conmueve.
A esa voz de pánico y de soledad de la gente, hasta ahora, sólo han respondido los hospitales. El Senado, la Cámara, las Asambleas y los Concejos municipales, parece que no se han percatado de lo que sucede. Las universidades parecen muertas, las facultades de medicina están perdidas y pendientes sólo de sí mismas en esa competencia creada como consecuencia de la proliferación explosiva y de mal gusto y peor pronóstico de estos centros; las dependencias y centros académicos de salud pública, parecen no existir, y los profesores e investigadores han dejado de serlo en el asunto social, para volver su mirada y su energía hacia otros pensamientos subalternos. Por fortuna, hay excepciones, pero son pocas en medio de ese acontecer de miedo.
Nadie refuta ni cuestiona los pésimos indicadores de niveles de salud que tiene el país, que hablan sólo del precario estado de las condiciones en que se encuentra nuestra gente. Pareciera que no estuviera sucediendo nada o que nadie tuviera nada que decir. Por la salud, hoy no sacan la cara las acciones de promoción ni de prevención ni el debate ni la controversia; la saca un poco la investigación -por demás hecha a contra pelo-, y la asistencia, y sólo en hospicios contados en una mano.
Ante esta realidad, el plan estratégico del Ministerio de Salud debe hacer más explícita su relación de actividades y su compromiso con la gente: con la materna, con el niño -hoy muchos de ellos sin vacunación y muchos otros desnutridos-, con el adolescente, con el anciano, con la mujer y con el hombre trabajador.
El sistema de salud como se ve hoy, está recostado en lo que hagan los hospitales y no se puede seguir así, como mal vecino, dejando "al del lado" con los deberes, las tareas y las obligaciones, para que además cargue con las responsabilidades.
Al plan estratégico es indispensable agregarle un órgano que monitoree el desarrollo de sus propuestas. Pero que éste si se defina. Puede conformarse un cuerpo de académicos, investigadores, profesionales de la salud y gerentes de IPS que verifiquen, con autonomía, independencia y parámetros claros, la evolución de la propuesta estratégica y auditen sus resultados.
Y como uno de los problemas más sentidos del sector es el flujo de dinero, El Pulso propone que se incorpore al Plan de Trabajo del Ministerio de Salud, la creación de un fondo que garantice a las clínicas y hospitales el pago de los servicios prestados a los pacientes con cargo a las EPS y ARS y asimiladas que no respondan oportunamente por sus obligaciones, y por lo que dejen de pagar las que desaparecen impunemente y con el silencio previo del gobierno, como ya conocemos casos.
Este fondo puede abonarse con la retención de un porcentaje de la compensación, cuando haya lugar, o con aportes directos de la EPS o ARS a una fiducia.
Ya no más garantías de papel ni índices de solvencia maquillados.
Ya no más entidades que se quiebran y se llevan el esfuerzo de hospitales, clínicas y médicos; que se les garantice a todos que se responde por su trabajo de manera justa y oportuna.
Ya no más liquidaciones que dejan sólo residuos para los que han aportado y trabajado honestamente.
Ya no más largueza en ver entidades que flaquean y los organismos de control tapan y luego se sorprenden.
Ya no más carteras morosas ad eternum. Alguien debe pagar lo que justamente se le debe al sector prestador y la plata tiene que salir, sencillamente, del que la debe.
La crisis de la salud y la condición de los pacientes es gravísima, pero ahora es justo otorgar un tiempo prudencial para que el ministro Londoño considere en su Plan estas dos propuestas de El Pulso, único medio que ha expresado con claridad y reiteradamente lo que sucede en el país.
Tienen la palabra la academia, las corporaciones públicas, las entidades y personas que sientan que tienen un deber social. Si no lo hacen ahora, que callen para siempre.

 




Arriba

[ Editorial | Debate | Opinión | Monitoreo | Generales | Columna Jurídica | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved