Con el nombre de la Interrupción Voluntaria del
Embarazo -I.V.E.-, se abrió la polémica en
el país sobre el aborto, con muchos y muy variados
argumentos de quienes defienden y apoyan tal decisión
de la Corte Constitucional, de despenalizar el aborto en
ciertas y determinadas circunstancias.
No es posible negar como, una vez más, la Corte Constitucional
en uso de las facultades interpretativas de la Carta Constitucional,
asume funciones que le son asignadas al Legislativo, aumentando
cada vez más la necesidad de generar de alguna manera
límites en su actuación, pues de todos es
conocido el famoso choque de trenes con el cual
la prensa nacional denominó las diferencias de opinión
entre las altas cortes.
Otro aspecto que salta a la vista en esta oportunidad, es
la ausencia de una verdadera política en materia
criminal, puesto que aspectos tan importantes como el de
la Interrupción Voluntaria del Embarazo, debe ser
sometida a consideración de la Corte Constitucional
en miras a definir si es o no ajustada a los lineamientos
de la Constitución vigente respecto del aborto.
Otro de los actores importantes en esta discusión
ha sido la Iglesia, que sin lugar a dudas juega un papel
muy importante en la vida nacional, como quiera que la mayoría
de nuestra población profesa la religión católica,
y como se nos ha enseñado, tiene una tarea clara
como Maestra y guía de la feligresía.
En este orden, no podemos olvidar que la Constitución
en su Preámbulo, si bien invoca la protección
de Dios, consagra en su artículo 19 la libertad de
cultos y el artículo 18 garantiza la libertad de
conciencia, además de ordenar que ninguna persona
será molestado por razón de sus convicciones
o creencias, ni compelida a revelarlas ni obligada a actuar
contra su conciencia.
Siendo así, corresponde a todos los cultos religiosos
dentro de su creencia, el instruir a sus fieles, sobre el
cómo actuar ante la presencia del embarazo no deseado,
que ha sido despenalizado por la Corte.
En el fondo de esta discusión, sólo queda
la decisión de la mujer de decidir sobre el cómo
actuar, acorde con su conciencia, su credo y sus convicciones
personales, no debiendo la prensa hacer de esta situación
personal-personalísima, un espectáculo.
Otro punto candente en este tema ha sido la posición
asumida frente a las instituciones de salud, las cuales
como personas reconocidas por la ley, también tienen
su conciencia y el derecho a que sus creencias y principios
institucionales sean respetados, ya que de lo contrario
se estarían violando sus derechos constitucionales.