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Con un retraso importante por parte de los organismos correspondientes,
estamos ante el informe anual del Consejo Nacional de Seguridad
Social en Salud a las Comisiones Séptimas de Senado
de la República y Cámara de Representantes
2004-2005, y del Informe de Actividades 2004-2005 del Ministerio
de la Protección Social al Congreso de la República,
informes que parece que a pocos les estaban haciendo falta,
lo cual es sin duda malo, sobre todo para el Consejo, pues
desde hace algún tiempo se nota cierta displicencia
con él de parte del Ministerio de Protección
Social, no sin razón puesto que este ente es nada
lo que ha aportado de manera decisiva a la consolidación
del Sistema, a la ampliación de coberturas o siquiera
a hacer definiciones que propicien menos tortuosa la operación
del propio Sistema General de Seguridad Social en Salud
(SGSSS).
Tomemos algunos datos, puesto que el informe no ofrece ningún
tipo de análisis: en régimen subsidiado a
diciembre de 2004 se registraron 13´765.405 afiliados
de subsidio pleno, con aumento del 16% respecto de 2003,
y con subsidios parciales casi 1,8 millones de personas,
concentradas en ciudades capitales. En el régimen
contributivo, en el mismo período, la población
asegurada aumentó un 7.6%, al pasar de 13,8 a 14,
9 millones de afiliados. Es decir, redondeando cifras, estamos
cercanos a los 31 millones de personas en la lista. Esta
lista la componen por supuesto los afiliados al ISS, a Caprecom,
y a una decena de ARS y EPS. Y también están
en ella, sin pena ni gloria, los cientos de miles de enfermos
que así, enfermos, deben pasar de uno a otro centro
médico viendo quién les abre la puerta, al
menos antes de morir en solitario y para que conste que
no faltó intención, de la buena, en el periplo,
por parte del conductor de la ambulancia.
Para saber de verdad lo que hay por dentro del Sistema de
Seguridad Social en Salud, no es suficiente que se registren
porcentajes, que leídos a la carrera inclinan a las
mentes a pensar que aquí no pasa nada, y que por
el contrario, si algo sucede, es la incorporación
de importantes masas de población. Pero no hay tal;
estamos ante un sistema que desde su creación ha
prometido lo que con objetividad, aún hoy, pasado
ya el tiempo, constatamos no era alcanzable.
Aunque está dentro de este ambiente que mencionamos,
no vamos a lamentar aquí la inequidad que se ha creado
con los llamados subsidios parciales, ni vamos a elevar
queja por la interpretación que de las coberturas
hacen las EPS y ARS, ni vamos a recavar sobre la poca o
nula generación de valor que hace el SGSSS en el
campo intelectual, económico, social o personal;
tampoco, de la amenaza que tiene para conducir al recuerdo
los afanes de investigación, de la poca investigación
que éramos capaces de hacer. No, no vamos a hablar
en profundad de esos temas, como tampoco hablaremos en profundidad
de los dilemas a que está enfrentado el médico
entre proceder según su criterio profesional y la
conservación de su empleo, por un lado, o acogerse
a lo que establece tajantemente la autorización que
se le entrega para un procedimiento, como se entrega una
sentencia para ejecutar. No hablaremos de eso, ni hablaremos
de los dilemas fundamentales que vive el paciente cuando
tiene una necesidad, pero sólo puede contar con unos
derechos, los mismos, no obstante, con que se juguetea aquí
y allá y entonces para librar culpas, se le hace
tocar puertas que de antemano se sabe, no por él,
que están cerradas hace días.
Sería verdaderamente interesante que en este tipo
de informes tan importantes, se establecieran los logros
frente al estado de salud de los colombianos. Esto si nos
daría el verdadero impacto que ha tenido el descomunal
esfuerzo de la sociedad entera durante una década,
y de los ingentes recursos, de toda índole, que han
sido puestos al servicio de un proyecto, el de la seguridad
social en Colombia. El desarrollo del SGSSS ha sido el trabajo
que como unidad, ha involucrado más gente, más
dinero y en general más recursos que ninguna otra
iniciativa en toda la vida del país. ¿Y donde
estamos? ¿Acaso no pusimos ya todo lo que habríamos
de poner? ¿Acaso no sufrimos ya todo lo que habríamos
de sufrir? ¿Acaso no murieron ya todos los que habrían
de morir?
Parece que no ha sido suficiente.
De otro lado, aparece con tristeza que en la evaluación
de acciones de promoción y prevención no se
evidenciaron los avances esperados; en 2004 las coberturas
de vacunación no alcanzaron la meta esperada de superar
el 95% en todos los biológicos y persisten departamentos
con niveles críticos debajo del 80%.
En el tema de la salud sexual y reproductiva resaltan por
fortuna las campañas de comunicación masiva
y el Plan de Choque para la reducción de la mortalidad
materna, así como el esfuerzo de garantizar el acceso
a la planificación familiar y evitar la transmisión
vertical del VIH.
El Ministerio de la Protección Social, óigase
bien el nombre, tiene la palabra en el campo de reestructuración
de hospitales. Ellos son el punto de convergencia de los
más necesitados en todos los aspectos. Ojalá
que los $283.878 millones del gobierno central destinado
para los pasivos laborales, y los $115.702 millones de cofinanciación
territorial destinados para los pasivos no laborales, sí
reviertan en posibilidades que finalmente sean ciertas para
todos los que a esos centros recurren.
Por último, ojalá que la propuesta de reforma
a la Ley 100 de la que por estos días tanto se habla,
pueda incidir eficazmente sobre los vacíos y dificultades
que la misma Ley, su exorbitante normatividad y su caprichosa
e interesada interpretación ocasionan a los enfermos,
quienes en últimas, sin duda, deberían ser
los más tenidos en cuenta y mejor beneficiados con
un sistema de salud que se interese viva y primordialmente
por eso, por la salud, como temática preponderante
de tarea de protección social.
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