EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 85 OCTUBRE DEL AÑO 2005    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Asistente de edición: Olga Lucía Muñoz López. Web master: Santiago Ospina Gómez

¿Acaso no pusimos ya todo
lo que habríamos de poner?

Con un retraso importante por parte de los organismos correspondientes, estamos ante el informe anual del Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud a las Comisiones Séptimas de Senado de la República y Cámara de Representantes 2004-2005, y del Informe de Actividades 2004-2005 del Ministerio de la Protección Social al Congreso de la República, informes que parece que a pocos les estaban haciendo falta, lo cual es sin duda malo, sobre todo para el Consejo, pues desde hace algún tiempo se nota cierta displicencia con él de parte del Ministerio de Protección Social, no sin razón puesto que este ente es nada lo que ha aportado de manera decisiva a la consolidación del Sistema, a la ampliación de coberturas o siquiera a hacer definiciones que propicien menos tortuosa la operación del propio Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS).
Tomemos algunos datos, puesto que el informe no ofrece ningún tipo de análisis: en régimen subsidiado a diciembre de 2004 se registraron 13´765.405 afiliados de subsidio pleno, con aumento del 16% respecto de 2003, y con subsidios parciales casi 1,8 millones de personas, concentradas en ciudades capitales. En el régimen contributivo, en el mismo período, la población asegurada aumentó un 7.6%, al pasar de 13,8 a 14, 9 millones de afiliados. Es decir, redondeando cifras, estamos cercanos a los 31 millones de personas en la lista. Esta lista la componen por supuesto los afiliados al ISS, a Caprecom, y a una decena de ARS y EPS. Y también están en ella, sin pena ni gloria, los cientos de miles de enfermos que así, enfermos, deben pasar de uno a otro centro médico viendo quién les abre la puerta, al menos antes de morir en solitario y para que conste que no faltó intención, de la buena, en el periplo, por parte del conductor de la ambulancia.
Para saber de verdad lo que hay por dentro del Sistema de Seguridad Social en Salud, no es suficiente que se registren porcentajes, que leídos a la carrera inclinan a las mentes a pensar que aquí no pasa nada, y que por el contrario, si algo sucede, es la incorporación de importantes masas de población. Pero no hay tal; estamos ante un sistema que desde su creación ha prometido lo que con objetividad, aún hoy, pasado ya el tiempo, constatamos no era alcanzable.
Aunque está dentro de este ambiente que mencionamos, no vamos a lamentar aquí la inequidad que se ha creado con los llamados subsidios parciales, ni vamos a elevar queja por la interpretación que de las coberturas hacen las EPS y ARS, ni vamos a recavar sobre la poca o nula generación de valor que hace el SGSSS en el campo intelectual, económico, social o personal; tampoco, de la amenaza que tiene para conducir al recuerdo los afanes de investigación, de la poca investigación que éramos capaces de hacer. No, no vamos a hablar en profundad de esos temas, como tampoco hablaremos en profundidad de los dilemas a que está enfrentado el médico entre proceder según su criterio profesional y la conservación de su empleo, por un lado, o acogerse a lo que establece tajantemente la autorización que se le entrega para un procedimiento, como se entrega una sentencia para ejecutar. No hablaremos de eso, ni hablaremos de los dilemas fundamentales que vive el paciente cuando tiene una necesidad, pero sólo puede contar con unos derechos, los mismos, no obstante, con que se juguetea aquí y allá y entonces para librar culpas, se le hace tocar puertas que de antemano se sabe, no por él, que están cerradas hace días.
Sería verdaderamente interesante que en este tipo de informes tan importantes, se establecieran los logros frente al estado de salud de los colombianos. Esto si nos daría el verdadero impacto que ha tenido el descomunal esfuerzo de la sociedad entera durante una década, y de los ingentes recursos, de toda índole, que han sido puestos al servicio de un proyecto, el de la seguridad social en Colombia. El desarrollo del SGSSS ha sido el trabajo que como unidad, ha involucrado más gente, más dinero y en general más recursos que ninguna otra iniciativa en toda la vida del país. ¿Y donde estamos? ¿Acaso no pusimos ya todo lo que habríamos de poner? ¿Acaso no sufrimos ya todo lo que habríamos de sufrir? ¿Acaso no murieron ya todos los que habrían de morir?
Parece que no ha sido suficiente.
De otro lado, aparece con tristeza que en la evaluación de acciones de promoción y prevención no se evidenciaron los avances esperados; en 2004 las coberturas de vacunación no alcanzaron la meta esperada de superar el 95% en todos los biológicos y persisten departamentos con niveles críticos debajo del 80%.
En el tema de la salud sexual y reproductiva resaltan por fortuna las campañas de comunicación masiva y el Plan de Choque para la reducción de la mortalidad materna, así como el esfuerzo de garantizar el acceso a la planificación familiar y evitar la transmisión vertical del VIH.
El Ministerio de la Protección Social, óigase bien el nombre, tiene la palabra en el campo de reestructuración de hospitales. Ellos son el punto de convergencia de los más necesitados en todos los aspectos. Ojalá que los $283.878 millones del gobierno central destinado para los pasivos laborales, y los $115.702 millones de cofinanciación territorial destinados para los pasivos no laborales, sí reviertan en posibilidades que finalmente sean ciertas para todos los que a esos centros recurren.
Por último, ojalá que la propuesta de reforma a la Ley 100 de la que por estos días tanto se habla, pueda incidir eficazmente sobre los vacíos y dificultades que la misma Ley, su exorbitante normatividad y su caprichosa e interesada interpretación ocasionan a los enfermos, quienes en últimas, sin duda, deberían ser los más tenidos en cuenta y mejor beneficiados con un sistema de salud que se interese viva y primordialmente por eso, por la salud, como temática preponderante de tarea de protección social.

 




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