MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 48    SEPTIEMBRE DEL AÑO 2002    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Autorretrato, 1970.
Darío Morales, El Sello Editorial
Historias de Cartagena
"Siempre miro con amor su cuerpo desnudo”
Ana C. Ochoa, Periodista, Medellín elpulso@elhospital.org.co

Se llamaba Darío Morales, era pintor y acaba de morir en París", escribió en 1988 el escritor Germán Arciniegas en una de sus notas de prensa. "El dolor es un punto al infinito", dijo Alejandro Obregón luego de enterarse de la muerte prematura del artista cartagenero que a los 44 años acababa de partir hacia el fondo del mar, en "cenizas al agua, con lágrimas". Cenizas lanzadas a esa bahía que tanto había cantado su pariente, el poeta Luis Carlos López, "uno de los mejores que tuvo Colombia", como aseguraba Jorge Zalamea. “!Pelusa, tengo cáncer!" había gritado Darío Morales por el teléfono a su esposa Ana María la noche del diez de octubre de 1986. Estaba solo en Nueva York. Allí su obra se vendía a altísimos precios. "En Nueva York y París, Botero, Caballero y Morales venden todo lo que hacen", reportaba el entonces corresponsal de prensa Enrique Santos. Darío Morales había logrado una expresión del desnudo sin antecedentes en la historia del arte en Colombia. En atmósferas nostálgicas, con la intimidad del cuarto cerrado, aparecían vientres femeninos, fragmentos de curvas sin rostro, piernas iluminadas por la luz acariciante del sueño erótico que confesaba recurrente, sexos explícitos que muchas veces causaron escándalo... Gabriel García Márquez, su amigo, recordaba el revuelo que en 1972 causaron sus cuadros exhibidos en la vitrina de la Galería Pyramid de Washington.

"Parecía ser la fotografía demasiado realista de una mujer en cueros, derrumbada en un mecedor vienés y abierta de piernas frente a los transeúntes, sin el menor recato, si bien la expresión de su sexo era más bien desolada que libertina. La policía ordenó retirar el cuadro, pero su ímpetu se quedó sin razones cuando le demostraron que no era una fotografía sino un dibujo. El arte tiene sus privilegios y el más raro de ellos es que se le toleren ciertos excesos que no están permitidos en la vida. El autor de aquel dibujo tan perfecto era un colombiano de 28 años que sobrevivía a duras penas en un cuarto de servicio del barrio Saint Michel, en París. Su nombre no le decía nada a nadie...su esposa Ana María estaba peor que él, porque además estaba encinta. Pagaban el alquiler del cuarto limpiando a gatas las escaleras del decrépito edificio de seis pisos.
El Sello Editorial
De noche, Ana María dividía el espacio con una manta para poder dormir con su niña dormida en el vientre, mientras su esposo pintaba hasta el amanecer". Lejos estaban aquellos tiempos de éxito que vendrían para el artista en los años 80 y aquella casa confortable de dos pisos en el barrio Cinco de París, una vieja imprenta remodelada sin lujos pero con un espacio generoso para ser, a la vez, taller y casa compartida con su esposa y sus dos hijas. Unas fotos, tomadas por Juan Mayr para el grupo de publicaciones de Diners, muestran el sitio de trabajo y habitación del artista que, según sus amigos, no se acomodaba a ser rico, porque era un trabajador que quería "sencillamente, vivir". Allí produjo gran parte de su obra, rodeado de vegetación, con colecciones insólitas de objetos, manos esculpidas, figuras religiosas, botellas rosadas, fotos antiguas; estanterías de cocina convertidas en biblioteca, viejos muebles reciclados, el maniquí del siglo XVIII, el piano, las sillas de barbero o de dentista y las clásicas sillas vienesas, tan presentes en su obra y en las que posaba desnuda su mejor modelo, su esposa catalana Ana María Vila. Con ella se había casado en Bogotá, en ceremonia de adolescentes disfrazados y rodeados de sus amigos de la Facultad de Artes de la Nacional. Entre ellos Luis Caballero, padrino y luego compañero en París durante aquellas primeras épocas difíciles para Darío Morales, el silencioso estudiante que vivía a duras penas con la inconstante beca del Icetex con la cual había llegado en 1968. "Según un periódico de la tarde, en el solo barrio latino había 11 mil pintores anónimos del mundo entero viviendo en las mismas condiciones de él...la noticia lo había hecho sentirse menos solo, que es algo muy alentador cuando se es joven y no se tiene nada que comer en París". 1 Allí desertó del estudio, pues la tendencia era hacia la experimentación abstracta. Por sus desnudos muchos lo llamaron retrógrado, pero él seguía con sus 10 horas de trabajo diario, perfeccionaba su técnica, estudiaba a Rubens, Tiziano, Courbet, Caravaggio, Rembrandt, Degas..."me interesa saber cómo procedían ellos", decía. En conversación con el crítico Galaor Carbonell se comenta que Botero y Morales eran, al parecer, imposibles discutiendo la manera mejor de hacer una velatura o una mezcla para lograr transparencias... Para Eduardo Serrano, crítico y autor del libro "Darío Morales", el artista fue "maestro de dos grandes géneros de la historia del arte, el desnudo y el bodegón, los cuales le permitieron no sólo proyectar todas las sutilezas, erudición y dominio técnico, sino también comunicar una sensualidad conmovedora que en ocasiones utilizó para celebrar la vida y los instintos y otras veces para interrogar la muerte o lucubrar sobre los misterios del universo". Esa obra que hoy es tesoro de coleccionistas, él la hizo al margen de modas, según su manera discreta de observarse, de vivir. "Soy antimoda", repetía. En aquellos primeros años que siguieron a su llegada en 1968, "Darío vivía en el número 14, yo en el 6",2 recordaba Germán Arciniegas.
Elaboración de retrato de García Márquez El Sello Editorial "Cuando iba a verlo bajaba al subterráneo en la placita de Saint Germain des Prés, tomaba el tren y salía por una estación cuyo nombre he olvidado. A pocas cuadras, Darío... su sonrisa era lejana. Un hombre plácido, una gracia callada. Flaco y con una gran ambición... tal vez es la ambición que despierta el encontrarse pobre e indefenso frente al teatro grande del mundo. Cuando yo lo conocí no había vendido un cuadro, o vendía uno al año. Luego se hizo famoso en el centro de París y Nueva York y creo que siguió siendo el mismo...hasta que un día, estando en la mitad de la vida !cáncer! Lo agarró en las entrañas. Y Darío volvió a empezar. Está bien, es el cáncer, pues ahora a trabajar más. Quería hacerlo todo estando ya sobre las tablas de la muerte. Con una grandeza que es la del estudiante pequeñito, infinitamente más pobre que cuando vivía en el 14 de París. Lo que se le iba era la vida y afrontaba su fuga. Tiemblo de pensar en esta última grandeza suya que estremece." Se entregó en esa última etapa a sus bodegones y, hasta el final, a sus desnudos que revelaban su obsesión por la mujer. "Siempre quise tener una mujer al lado", decía. En sus dibujos, óleos, pasteles, esculturas se advierte la virtud serena del maestro, la verdad de su emoción, la sinceridad sin insolencia del que expresa lo que quiere desde hace mucho tiempo, con sigiloso paso, sin la ostentación del que se proclama genio. Aunque para muchos lo era, con una capacidad asombrosa que se había intuido desde niño. Ahí leemos la reseña publicada en 1958 en el periódico El Universal, cuando Darío exponía a los 14 años. "Ante sus cuadros aparece el niño Darío Morales en la Galería de la Inquisición. Las obras del precoz artista cartagenero forman parte de la exposición abierta por la Escuela de Bellas Artes en Cartagena, de la cual Darío es alumno sobresaliente." El dolor es un punto al infinito... escribió 20 años después, adolorido por la muerte de Morales, su amigo Alejandro Obregón. Y "hoy, dentro de cinco segundos ya es mañana”
1 Gabriel García Márquez, El alquimista en su cubil
2 Germán Arciniegas, El Tiempo, 1998.

¿Quién es esa mujer desnuda? "Tal vez Darío Morales daría algo de su propia vida por saberlo...después de todo eso parece ser lo único que busca con el delirio de su arte desde que empezó a pintar a los 12 años en su casa natal del barrio Manga. Era una casa grande y vacía, con una terraza de baldosas ajedrezadas y un patio de sombras frescas con palos de mango y de guineo, donde cantaban hasta reventar de gozo las chicharras del calor. La vida andaba suelta por las calles ardientes, en la peste de pescados muertos de la bahía, en el almendro solitario de la esquina de trébol donde en otro tiempo amanecían los borrachos ahorcados por amor". Gabriel García Márquez, El alquimista en su cubil.

Víctor Heredia y León Gieco
con el Grupo Suramérica

La maravilla de pensar cantando

El rumor nativo de charangos y de quenas prestó su lujo rústico a orquestas sinfónicas y a grandes coros que acompañaron al Grupo Suramérica en presentaciones recientes, multitudinarias y de auténtica celebración. Son ya 26 años haciendo música. Las próximas noches de fiesta están por venir. El 13, 14 y 15 de septiembre los famosos cantautores argentinos Víctor Heredia y León Gieco llegarán a Colombia para cantar con Suramérica, este grupo de 11 artistas que han intentado abrirle puertas a los muros, como dice la canción de Carlos Varela, con quien también han compartido el escenario.
“Somos equilibristas en el andamio de los engaños", canta Víctor Heredia para subrayar la vocación de sus canciones que dicen lo que se piensa al margen del deshonrroso mercado musical de narcisistas fatuos, corrompidos por la lisonja y con vida artificial gracias a la publicidad. Víctor Heredia, el autor de canciones como "Razón de vivir", es un "juglar de honrado acento, que canta la verdad, inspirándose en su pueblo, sus paisajes y desdichas", según la escritora María Elena Walsh. León Gieco, folclorista, rockero, es uno de los artistas argentinos más respetados y autor entre otros temas de "Sólo le pido a Dios". Ambos son aplaudidos, premiados, nominados a distinciones como el Grammy, saben, en todo caso, que "las palabras sin fundamento son sólo ruidos", como se le oye cantar a Suramérica. ¿Qué pretende este grupo? "No somos filósofos, ni antropólogos, ni ambicionamos más allá del simple mensaje de dignidad y hermandad que se comunica bellamente, con música", comenta Fernando Toro, el hombre de las cuerdas y los vientos del grupo, desde su comienzo en 1976. La humanidad, con tantos sueños arruinados, se levanta con algunos hombres que recuerdan el valor de la hermandad, del dolor en comunión para evitar el doble sufrimiento de estar solos, de la dicha o la rabia decente cuando hay razón... ¿Pensar cantando? "Sólo buscamos desenredar un poco el ovillo" cantan Juan Berdugo y Carlos Mario Londoño, dos de los gestores del grupo, músicos y abogados que tienen una escasa virtud en los abogados: cantar, componer, tocar el misterioso bajo, las alegres congas y los tambores, y hacerlo con la alegría de públicos enormes. En el año 2001, 65 mil personas acudieron a los conciertos de Suramérica. Este es un grupo heterogéneo, de estudiantes jóvenes y profesionales de ocupaciones varias que se reúnen tres veces en la semana como discípulos fieles dispuestos a todo aprendizaje. Entre los 11 hay licenciados en música, en agropecuaria, con formación en administración, ingeniería, publicidad y comunicación... hombres diversos que, a diferencia de tantos de nosotros, no tendrán que bajar al sótano de los remordimientos, allí donde los seres humanos guardamos los deseos de ser mil cosas o sólo una, tal vez bailarines, o atletas o "magos del aire, bufones, frailes..." Ellos, que ganaron esta partida de hacer lo que les gusta, tendrán su premio: un público que los sigue y que compartirá su gusto de estar, nada más ni nada menos, que con esos dos cronistas "de amor y de sangre" que son Víctor Heredia y León Gieco.
 
Víctor Heredia Cantautor argentino (1947). "Las composiciones y la voz de Víctor Heredia expresan con hondura los sentimientos de una juventud agredida, donde la pobreza y la injusticia provocan tanta desesperanza. Él, con dignidad y hombría, nos representa a los latinoamericanos". Oswaldo Guayasamín, pintor ecuatoriano
"Lo que yo pueda decir de Víctor es poco. Su sencillez, su sensibilidad, lo hacen un ser especial, con sentimientos enteramente preocupados por el bienestar de sus semejantes". Mercedes Sosa.
León Gieco
Folclorista, cantautor argentino, hombre de rock, autor de la famosa canción "Sólo le pido a Dios", entre otros temas importantes que forman parte de su obra musical, iniciada simultáneamente con grupos folclóricos y con la banda de rock "Los Moscos". Ha sido nominado al premio Grammy.
Grupo Suramérica
Fundado en 1976 en Medellín e integrado por 11 músicos. Celebrarán sus 26 años con un concierto denominado "Muchas voces a tres voces", con los argentinos Víctor Heredia y León Gieco, el 13,14 y 15 de septiembre.

PROGRAMAS EN BENEFICIO DE LA SALUD
“DAR DE SÍ ANTES DE PENSAR EN SÍ”

  1. POLIO PLUS: ERRADICACIÓN TOTAL DE LA POLIOMIELITIS
  2. FONDO PARA NIÑOS CON CÁNCER Y FONDO PARA NIÑOS QUEMADOS DEL HOSPITAL SAN VICENTE DE PAÚL
  3. DONACIÓN DE SILLAS DE RUEDAS A NIÑOS Y ADULTOS POBRES
  4. CONTRIBUCIONES AL “DULCE HOGAR” PARA NIÑOS DESNUTRIDOS
  5. REFUGIO DE ANCIANOS DE SAN CRISTÓBAL
  6. CIRUGÍA DE CATARATAS A PACIENTES POBRES
  7. COLOMBIA SALUD 2000. DOTACIÓN DE EQUIPOS E INSTRUMENTAL QUIRÚRGICO A HOSPITALES COLOMBIANOS
  8. DOTACIÓN DE EQUIPOS PARA TRATAMIENTO ODONTOLÓGICO EN LOS REFUGIOS DE ANCIANOS DE GUARNE Y SAN CRISTÓBAL



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