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Autorretrato, 1970.
Darío Morales, El Sello Editorial
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Historias de Cartagena
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Se llamaba Darío
Morales, era pintor y acaba de morir en París",
escribió en 1988 el escritor Germán Arciniegas
en una de sus notas de prensa. "El dolor es un punto
al infinito", dijo Alejandro Obregón luego de
enterarse de la muerte prematura del artista cartagenero que
a los 44 años acababa de partir hacia el fondo del
mar, en "cenizas al agua, con lágrimas".
Cenizas lanzadas a esa bahía que tanto había
cantado su pariente, el poeta Luis Carlos López, "uno
de los mejores que tuvo Colombia", como aseguraba Jorge
Zalamea. !Pelusa, tengo cáncer!" había
gritado Darío Morales por el teléfono a su esposa
Ana María la noche del diez de octubre de 1986. Estaba
solo en Nueva York. Allí su obra se vendía a
altísimos precios. "En Nueva York y París,
Botero, Caballero y Morales venden todo lo que hacen",
reportaba el entonces corresponsal de prensa Enrique Santos.
Darío Morales había logrado una expresión
del desnudo sin antecedentes en la historia del arte en Colombia.
En atmósferas nostálgicas, con la intimidad
del cuarto cerrado, aparecían vientres femeninos, fragmentos
de curvas sin rostro, piernas iluminadas por la luz acariciante
del sueño erótico que confesaba recurrente,
sexos explícitos que muchas veces causaron escándalo...
Gabriel García Márquez, su amigo, recordaba
el revuelo que en 1972 causaron sus cuadros exhibidos en la
vitrina de la Galería Pyramid de Washington.
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"Parecía ser la fotografía demasiado realista
de una mujer en cueros, derrumbada en un mecedor vienés
y abierta de piernas frente a los transeúntes, sin
el menor recato, si bien la expresión de su sexo era
más bien desolada que libertina. La policía
ordenó retirar el cuadro, pero su ímpetu se
quedó sin razones cuando le demostraron que no era
una fotografía sino un dibujo. El arte tiene sus privilegios
y el más raro de ellos es que se le toleren ciertos
excesos que no están permitidos en la vida. El autor
de aquel dibujo tan perfecto era un colombiano de 28 años
que sobrevivía a duras penas en un cuarto de servicio
del barrio Saint Michel, en París. Su nombre no le
decía nada a nadie...su esposa Ana María estaba
peor que él, porque además estaba encinta. Pagaban
el alquiler del cuarto limpiando a gatas las escaleras del
decrépito edificio de seis pisos.
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El Sello Editorial
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De noche, Ana María
dividía el espacio con una manta para poder dormir
con su niña dormida en el vientre, mientras su esposo
pintaba hasta el amanecer". Lejos estaban aquellos tiempos
de éxito que vendrían para el artista en los
años 80 y aquella casa confortable de dos pisos en
el barrio Cinco de París, una vieja imprenta remodelada
sin lujos pero con un espacio generoso para ser, a la vez,
taller y casa compartida con su esposa y sus dos hijas. Unas
fotos, tomadas por Juan Mayr para el grupo de publicaciones
de Diners, muestran el sitio de trabajo y habitación
del artista que, según sus amigos, no se acomodaba
a ser rico, porque era un trabajador que quería "sencillamente,
vivir". Allí produjo gran parte de su obra, rodeado
de vegetación, con colecciones insólitas de
objetos, manos esculpidas, figuras religiosas, botellas rosadas,
fotos antiguas; estanterías de cocina convertidas en
biblioteca, viejos muebles reciclados, el maniquí del
siglo XVIII, el piano, las sillas de barbero o de dentista
y las clásicas sillas vienesas, tan presentes en su
obra y en las que posaba desnuda su mejor modelo, su esposa
catalana Ana María Vila. Con ella se había casado
en Bogotá, en ceremonia de adolescentes disfrazados
y rodeados de sus amigos de la Facultad de Artes de la Nacional.
Entre ellos Luis Caballero, padrino y luego compañero
en París durante aquellas primeras épocas difíciles
para Darío Morales, el silencioso estudiante que vivía
a duras penas con la inconstante beca del Icetex con la cual
había llegado en 1968. "Según un periódico
de la tarde, en el solo barrio latino había 11 mil
pintores anónimos del mundo entero viviendo en las
mismas condiciones de él...la noticia lo había
hecho sentirse menos solo, que es algo muy alentador cuando
se es joven y no se tiene nada que comer en París".
1 Allí desertó del estudio, pues la tendencia
era hacia la experimentación abstracta. Por sus desnudos
muchos lo llamaron retrógrado, pero él seguía
con sus 10 horas de trabajo diario, perfeccionaba su técnica,
estudiaba a Rubens, Tiziano, Courbet, Caravaggio, Rembrandt,
Degas..."me interesa saber cómo procedían
ellos", decía. En conversación con el crítico
Galaor Carbonell se comenta que Botero y Morales eran, al
parecer, imposibles discutiendo la manera mejor de hacer una
velatura o una mezcla para lograr transparencias... Para Eduardo
Serrano, crítico y autor del libro "Darío
Morales", el artista fue "maestro de dos grandes
géneros de la historia del arte, el desnudo y el bodegón,
los cuales le permitieron no sólo proyectar todas las
sutilezas, erudición y dominio técnico, sino
también comunicar una sensualidad conmovedora que en
ocasiones utilizó para celebrar la vida y los instintos
y otras veces para interrogar la muerte o lucubrar sobre los
misterios del universo". Esa obra que hoy es tesoro de
coleccionistas, él la hizo al margen de modas, según
su manera discreta de observarse, de vivir. "Soy antimoda",
repetía. En aquellos primeros años que siguieron
a su llegada en 1968, "Darío vivía en el
número 14, yo en el 6",2 recordaba Germán
Arciniegas.
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Elaboración de retrato de García
Márquez El Sello Editorial |
"Cuando iba a verlo bajaba al subterráneo en la
placita de Saint Germain des Prés, tomaba el tren y salía
por una estación cuyo nombre he olvidado. A pocas cuadras,
Darío... su sonrisa era lejana. Un hombre plácido,
una gracia callada. Flaco y con una gran ambición...
tal vez es la ambición que despierta el encontrarse pobre
e indefenso frente al teatro grande del mundo. Cuando yo lo
conocí no había vendido un cuadro, o vendía
uno al año. Luego se hizo famoso en el centro de París
y Nueva York y creo que siguió siendo el mismo...hasta
que un día, estando en la mitad de la vida !cáncer!
Lo agarró en las entrañas. Y Darío volvió
a empezar. Está bien, es el cáncer, pues ahora
a trabajar más. Quería hacerlo todo estando ya
sobre las tablas de la muerte. Con una grandeza que es la del
estudiante pequeñito, infinitamente más pobre
que cuando vivía en el 14 de París. Lo que se
le iba era la vida y afrontaba su fuga. Tiemblo de pensar en
esta última grandeza suya que estremece." Se entregó
en esa última etapa a sus bodegones y, hasta el final,
a sus desnudos que revelaban su obsesión por la mujer.
"Siempre quise tener una mujer al lado", decía.
En sus dibujos, óleos, pasteles, esculturas se advierte
la virtud serena del maestro, la verdad de su emoción,
la sinceridad sin insolencia del que expresa lo que quiere desde
hace mucho tiempo, con sigiloso paso, sin la ostentación
del que se proclama genio. Aunque para muchos lo era, con una
capacidad asombrosa que se había intuido desde niño.
Ahí leemos la reseña publicada en 1958 en el periódico
El Universal, cuando Darío exponía a los 14 años.
"Ante sus cuadros aparece el niño Darío Morales
en la Galería de la Inquisición. Las obras del
precoz artista cartagenero forman parte de la exposición
abierta por la Escuela de Bellas Artes en Cartagena, de la cual
Darío es alumno sobresaliente." El dolor es un punto
al infinito... escribió 20 años después,
adolorido por la muerte de Morales, su amigo Alejandro Obregón.
Y "hoy, dentro de cinco segundos ya es mañana
1 Gabriel García Márquez, El alquimista en
su cubil
2 Germán Arciniegas, El Tiempo, 1998. |
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¿Quién es esa mujer desnuda?
"Tal vez Darío Morales daría algo de su
propia vida por saberlo...después de todo eso parece
ser lo único que busca con el delirio de su arte desde
que empezó a pintar a los 12 años en su casa
natal del barrio Manga. Era una casa grande y vacía,
con una terraza de baldosas ajedrezadas y un patio de sombras
frescas con palos de mango y de guineo, donde cantaban hasta
reventar de gozo las chicharras del calor. La vida andaba
suelta por las calles ardientes, en la peste de pescados muertos
de la bahía, en el almendro solitario de la esquina
de trébol donde en otro tiempo amanecían los
borrachos ahorcados por amor". Gabriel García
Márquez, El alquimista en su cubil.
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Víctor Heredia
y León Gieco
con el Grupo Suramérica
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La maravilla de pensar cantando
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El rumor nativo de charangos y de quenas prestó su lujo
rústico a orquestas sinfónicas y a grandes coros
que acompañaron al Grupo Suramérica en presentaciones
recientes, multitudinarias y de auténtica celebración.
Son ya 26 años haciendo música. Las próximas
noches de fiesta están por venir. El 13, 14 y 15 de septiembre
los famosos cantautores argentinos Víctor Heredia y León
Gieco llegarán a Colombia para cantar con Suramérica,
este grupo de 11 artistas que han intentado abrirle puertas
a los muros, como dice la canción de Carlos Varela, con
quien también han compartido el escenario. |
| Somos
equilibristas en el andamio de los engaños", canta
Víctor Heredia para subrayar la vocación de sus
canciones que dicen lo que se piensa al margen del deshonrroso
mercado musical de narcisistas fatuos, corrompidos por la lisonja
y con vida artificial gracias a la publicidad. Víctor
Heredia, el autor de canciones como "Razón de vivir",
es un "juglar de honrado acento, que canta la verdad, inspirándose
en su pueblo, sus paisajes y desdichas", según la
escritora María Elena Walsh. León Gieco, folclorista,
rockero, es uno de los artistas argentinos más respetados
y autor entre otros temas de "Sólo le pido a Dios".
Ambos son aplaudidos, premiados, nominados a distinciones como
el Grammy, saben, en todo caso, que "las palabras sin fundamento
son sólo ruidos", como se le oye cantar a Suramérica.
¿Qué pretende este grupo? "No somos filósofos,
ni antropólogos, ni ambicionamos más allá
del simple mensaje de dignidad y hermandad que se comunica bellamente,
con música", comenta Fernando Toro, el hombre de
las cuerdas y los vientos del grupo, desde su comienzo en 1976.
La humanidad, con tantos sueños arruinados, se levanta
con algunos hombres que recuerdan el valor de la hermandad,
del dolor en comunión para evitar el doble sufrimiento
de estar solos, de la dicha o la rabia decente cuando hay razón...
¿Pensar cantando? "Sólo buscamos desenredar
un poco el ovillo" cantan Juan Berdugo y Carlos Mario Londoño,
dos de los gestores del grupo, músicos y abogados que
tienen una escasa virtud en los abogados: cantar, componer,
tocar el misterioso bajo, las alegres congas y los tambores,
y hacerlo con la alegría de públicos enormes.
En el año 2001, 65 mil personas acudieron a los conciertos
de Suramérica. Este es un grupo heterogéneo, de
estudiantes jóvenes y profesionales de ocupaciones varias
que se reúnen tres veces en la semana como discípulos
fieles dispuestos a todo aprendizaje. Entre los 11 hay licenciados
en música, en agropecuaria, con formación en administración,
ingeniería, publicidad y comunicación... hombres
diversos que, a diferencia de tantos de nosotros, no tendrán
que bajar al sótano de los remordimientos, allí
donde los seres humanos guardamos los deseos de ser mil cosas
o sólo una, tal vez bailarines, o atletas o "magos
del aire, bufones, frailes..." Ellos, que ganaron esta
partida de hacer lo que les gusta, tendrán su premio:
un público que los sigue y que compartirá su gusto
de estar, nada más ni nada menos, que con esos dos cronistas
"de amor y de sangre" que son Víctor Heredia
y León Gieco. |
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Víctor
Heredia  |
Cantautor argentino (1947).
"Las composiciones y la voz de Víctor Heredia
expresan con hondura los sentimientos de una juventud
agredida, donde la pobreza y la injusticia provocan tanta
desesperanza. Él, con dignidad y hombría,
nos representa a los latinoamericanos". Oswaldo Guayasamín,
pintor ecuatoriano
"Lo que yo pueda decir de Víctor es poco.
Su sencillez, su sensibilidad, lo hacen un ser especial,
con sentimientos enteramente preocupados por el bienestar
de sus semejantes". Mercedes Sosa. |
| León
Gieco |
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Folclorista, cantautor argentino, hombre de rock, autor
de la famosa canción "Sólo le pido
a Dios", entre otros temas importantes que forman
parte de su obra musical, iniciada simultáneamente
con grupos folclóricos y con la banda de rock "Los
Moscos". Ha sido nominado al premio Grammy.
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| Grupo Suramérica |
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Fundado en 1976 en Medellín e
integrado por 11 músicos. Celebrarán sus
26 años con un concierto denominado "Muchas
voces a tres voces", con los argentinos Víctor
Heredia y León Gieco, el 13,14 y 15 de septiembre. |
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PROGRAMAS EN BENEFICIO DE LA SALUD
DAR DE SÍ ANTES DE PENSAR EN SÍ
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PLUS: ERRADICACIÓN TOTAL DE LA POLIOMIELITIS
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FONDO PARA NIÑOS CON CÁNCER Y FONDO
PARA NIÑOS QUEMADOS DEL HOSPITAL SAN VICENTE
DE PAÚL
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Y ADULTOS POBRES
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NIÑOS DESNUTRIDOS
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REFUGIO DE ANCIANOS DE SAN CRISTÓBAL
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COLOMBIA SALUD 2000. DOTACIÓN DE EQUIPOS
E INSTRUMENTAL QUIRÚRGICO A HOSPITALES
COLOMBIANOS
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EN LOS REFUGIOS DE ANCIANOS DE GUARNE Y SAN CRISTÓBAL
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