Doña María, una humilde mujer,
no encuentra explicaciones satisfactorias de por qué
cada día los medicamentos que le curan sus dolencias
son cada día son más costosos y, lo peor,
los que "baraticos" no los encuentra en ningún
lado.
Ella, sin saberlo, hace parte de esa legión de personas
que no tienen acceso a los medicamentos esenciales, pero
seguramente se "haría cruces" si conociera
más datos:
Más de un tercio de la población mundial que
está cercana a los 6.000 millones de habitantes,
o sea algo más de 2 mil millones de personas, carecen
de acceso a medicamentos esenciales. En los países
pobres, esa carencia afecta, en promedio, a la mitad de
la población. Y entre tanto, más del 80% de
las medicinas que se producen en el mundo, las consumen
personas de los países ricos.
Como consecuencia de lo anterior, diariamente mueren 30.000
personas en el mundo de enfermedades curables, por falta
de acceso a los bienes de la salud. Más del 90% de
estos fallecimientos ocurren en países en vía
de desarrollo. Solamente la Malaria ocasiona 3 muertes por
minuto -cerca de 1.500 diarias-. El sida, el doble. Otras
enfermedades catastróficas, otro tanto.
Según el Informe sobre Salud en el Mundo, de la Organización
Mundial de la Salud -OMS-, "de los 10.3 millones de
niños menores de 5 años que murieron en el
mundo en el año 2000, 8.6 millones hubieran podido
salvarse si hubiesen tenido acceso regular a medicamentos
esenciales".
Con seguridad, la cara de Doña María reflejaría
más dolores de los que tiene, si se enterara de que
en Latinoamérica hay no menos de 121 millones de
personas excluidas de los bienes de la salud y le dolería,
todavía más, si supiera que en Colombia ella
hace parte de los 20 millones de compatriotas que no tienen
acceso a las medicinas por no pertenecer a un sistema de
seguridad social en salud o que pertenecen pero no pueden
pagar de su bolsillo las medicinas que el sistema no le
suministra, las cuales representan el 40% de las prescripciones.
Entretelones
Lo que no sabe doña María es que detrás
de su problema, el de no poder comprar medicinas baratas,
hay fuerzas que luchan por conseguir sus propios beneficios,
sin detenerse a mirar un poco más allá de
sus propias consideraciones y lo que es peor, que la salud
está por encima de cualquier consideración
comercial y política.
Buscando un camino para airear esta problemática,
se convocó el foro "Propiedad Intelectual, Acuerdos
Internacionales y Acceso a Medicamentos", realizado
por varias Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en el
Auditorio Alfonso López Pumarejo de la Universidad
Nacional, en Bogotá, el pasado 24 de julio.
Allí, las ONG aseguraron que "en Colombia, cerca
de 20 millones de habitantes continúa por fuera del
Sistema de Seguridad Social. Eso limita enormemente el acceso
a medicamentos vitales, especialmente los más costosos".
Aseguran que en informes de la Acción Internacional
para la Salud -AIS- "diversos estudios han mostrado
que la competencia de los genéricos es la vía
más efectiva para asegurar la reducción de
precios de los medicamentos y mejorar los niveles de acceso.
Se estima que por cada competidor que entre al mercado,
el precio cae, mínimo, en un 10%.
Para incrementar y fortalecer la presencia de medicamentos
genéricos, es necesario detener las concesiones a
las multinacionales, como ocurrió en 1993 cuando
la Comunidad Andina estableció patentes para medicamentos,
renunciando, a cambio de nada, al período transitorio
contemplado por la Organización Mundial del Comercio
-OMC- para tal efecto.
Según el punto de vista de las ONG, no se pretende
que Colombia desconozca los derechos de propiedad intelectual.
De hecho, el país los respeta mediante el otorgamiento
de patentes y la protección de los secretos empresariales.
"Se trata de frenar las pretensiones de imponer una
protección comercialmente excesiva y más allá
de los dictados de la OMC, cuyo resultado sería subir
precios para incrementar la participación de las
multinacionales en el negocio de la salud, sin importar
el daño que ello cause".
Aunque nadie se atreve a decirlo en voz alta, sobre el gobierno
colombiano existen presiones de multinacionales farmacéuticas
para que establezca barreras a los medicamentos genéricos;
entre ellas están las de abolir el registro sanitario
sumario existente para los genéricos, establecer
patentes de segundos usos y otorgar patentes a productos
o procesos que no reúnen los requisitos legales.
Esto se haría mediante decretos que protejan como
secreto, por 5 ó 10 años, la información
que presentan las multinacionales al Invima para el registro
de sus productos originales, incluyendo aquella que por
haber sido publicada ya no es secreta sino de dominio público.
En la práctica, significa que para el registro de
cualquier genérico habría que repetir las
pruebas clínicas y farmacológicas.
"Aparte de absurda, la medida conduciría al
bloqueo de los genéricos y a otorgar el monopolio
a multitud de fármacos que por cualquier motivo han
sido patentados en Colombia". sostienen las ONG.
Según estudios de Fedesarrollo, si Colombia llegara
a ceder en esta política de genéricos, los
efectos sociales y económicos serían: retiro
del mercado de muchos genéricos, condenando a la
población a consumir solamente medicamentos originales
de alto precio, lo que implicaría un incremento promedio
del 61% en los precios de los medicamentos; también
se perdería bienestar de la población, al
tener que dedicar una mayor proporción de sus ingresos
a la compra de medicamentos en detrimento de otros bienes
y servicios necesarios, además del impacto negativo
sobre la balanza comercial, porque cada vez se importarían
más medicinas.
"Frente a esta realidad, hacemos un llamado a las personas
y organizaciones interesadas en el bien común, para
unirnos en una cruzada dirigida a mejorar el acceso a la
población de escasos recursos a los medicamentos
esenciales. Es indispensable brindar al gobierno nacional
el apoyo necesario para resistir las presiones tendientes
a imponer nuevas barreras a los medicamentos genéricos
de bajo precio. Ninguna amenaza, por fuerte que sea, justificaría
sacrificar la salud y el bienestar de la población
en aras de intereses comerciales", sostiene un documento
firmado por las ONG que participaron en el foro "Propiedad
Intelectual, Acuerdos Internacionales y Acceso a Medicamentos".
Cuestión de economía
Unos cuantos ejemplos permiten apreciar de mejor forma lo
que significaría negarle a Doña María
el acceso a los medicamentos genéricos. Por el Lanzoprazol
(para el tratamiento de úlcera péptica), tendría
que desembolsillar 240 pesos en lugar de 24 pesos, que es
lo que cuesta cuando se compra por genérico. Algo
similar sucede con el Omeprazol (antisecretor gástrico),
que pagaría por 186 pesos en lugar de 32. El Meloxicam
(antiinflamatorio), le costaría cerca de 300 pesos
en vez de 120 pesos.
Se estima que las diferencias en precios entre los medicamentos
de "marca" y los genéricos, pueden oscilar
perfectamente entre un 40 y un 60%.
El caso de los genéricos que se venden en Colombia,
no es, ni de lejos, comparable al de las medicinas para
el tratamiento del sida en Suráfrica. Allí,
las multinacionales (cerca de 40), entablaron una demanda,
pero al ver que el veredicto les iba a ser adverso, finalmente
la retiraron. Como consecuencia de esto, los precios de
los medicamentos bajaron, pero se considera que aún
están por encima de lo normal.
Tal vez el ejemplo más reciente de todo esto lo dio
Canadá, cuando el gobierno de Ottawa (Canadá)
compró a un laboratorio un millón de dosis
de Ciprofloxacina (la forma genérica de Cipro), ignorando
las protestas de la farmacéutica alemana Bayer, propietaria
de la patente respectiva.
Para cerrar este capítulo, resulta que las multinacionales
se dedican "al negocio gordo" y por tanto se olvidan
de los medicamentos que curan dolencias, pero que al ser
comercializados por diferentes firmas, se vuelven muy baratos
y por tanto, desde el punto de vista negocio, son poco atractivos
y se olvidan de la gente y dejan de producirlos.