Con el advenimiento del nuevo gobierno, hace nuevamente
aparición en el escenario nacional el tema de la
reforma a la justicia, con múltiples temas que se
ponen sobre la mesa de discusión y se someten a la
consideración de la opinión pública,
sin que se tenga alguna claridad de que es lo que realmente
se ha de reformar.
Y es que la administración de justicia debe ser la
columna vertebral del Estado de derecho, pues de nada sirve
tener multiplicidad de normas que pretenden hacer posible
la vida en comunidad, cuando no hay quien las haga cumplir.
No puede haber un mejor ejemplo que nuestro país,
donde abundan las normas y donde el ordenamiento jurídico
tiene reglamentadas casi todas las situaciones de la vida
ciudadana, pero su cumplimiento deja mucho que desear. Es
bien llamativo como se hace indispensable la vigilancia
de cada ciudadano para que cumplamos las más elementales
normas de convivencia, y se hacen "ensayos" de
comportamiento retirando la autoridad, con el fin de evaluar
la capacidad de "autorregulación de la ciudadanía".
Un ejemplo, aunque no el más reciente, es el último
Código de Tránsito; este ordenamiento legal
ha dispuesto el incremento de las sanciones a las personas
que actúen en contraposición a lo allí
prescrito, pero, ¿quién hace cumplir estas
normas? ¿Quién impone efectivamente las sanciones?
Todos vemos como se violenta reiteradamente por los conductores
el Código de Tránsito y se transgreden las
luces de los semáforos poniendo en riesgo la vida,
los bienes y la integridad personal de pasajeros y peatones.
Pero, como no pasa nada......
La carencia de la administración de justicia en nuestro
medio está saturada de rituales que a nada conducen,
al punto que los procesos verbales son escritos y salvo
aquellas demandas de protección a los derechos fundamentales
que se tramitan por la vía de la tutela -que tienen
un término perentorio para ser fallados so pena de
sanciones disciplinarias para el fallador-, todos los demás
deben sufrir trámites interminables, términos
innecesarios que eternizan los procesos, soportados en una
presunta garantía de los derechos de los individuos;
garantía ésta que en muchas oportunidades
es aprovechada por los demandados para ocultarse, impidiendo
que se adelanten los trámites que garanticen el ejercicio
del derecho, y en no pocas veces, generando la prescripción
de acciones. Todo esto conlleva a que las definiciones de
los derechos que se discuten llegan tan tarde, que generan
violencia.
Ahora bien: no solo es necesario que los procesos terminen.
Es indispensable que las decisiones que la administración
de justicia toma sean realmente cumplidas en lo civil, y
que las sanciones por la transgresión de la norma
sean ejemplarizantes y permitan la reeducación del
delincuente, pues no existe otra manera de garantizar que
el delito no paga.
Pero cosa bien distinta sucede en nuestro medio: leímos
con sorpresa un titular de prensa, donde se informaba de
la liberación de una persona secuestrada y la captura
del autor intelectual y material del delito, quien había
estado retenido por los delitos punibles de concierto para
delinquir, hurto calificado y secuestro simple, delitos
por los cuales purgó una pena de 3 años. Obviamente
que no conocemos las intimidades del proceso que lo llevó
a pagar esta condena, pero si es de preguntarse si la comisión
de estos delitos comenzando por el secuestro, que ha sido
condenado internacionalmente como el culmen de la violación
de los derechos de las personas, amerita tan mínima
sanción
Es entonces necesario cambiar la mentalidad de jueces y
abogados, para que los trámites que se adelanten
realmente logren el objetivo pretendido, que no puede ser
distinto a que la administración de justicia sea
efectiva; es decir: para que las discusiones de orden legal
que se someten a consideración de los Jueces de la
República sean resueltas de manera oportuna, pues
como lo afirmó el Señor Presidente del Senado,
Luis Alfredo Ramos Botero, en su intervención en
la posesión del Presidente Uribe Vélez: "Un
Estado sin justicia pronta, es un Estado sin justicia".
Y agregamos: donde no hay justicia, la violencia es ama
y señora.
De otro lado, es indispensable que nuestra legislación
sea modificada para que las sanciones a la ley penal cumplan
con su razón de ser: permitir la vida en comunidad
y la resocialización del delincuente, donde realmente
el delito no pague.