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El estrés podría potenciar efectos del párkinson

Por: Natalia Andrea Ramírez Ospina
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"De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud –OMS-, la enfermedad de párkinson afecta a una de cada 100 personas mayores de 60 años. Actualmente, se estima que alrededor de 6.3 millones de pacientes padecen esta enfermedad en el mundo, y además la OMS prevé que para el 2030 llegarán a ser más de 12 millones”.

A propósito del día mundial del párkinson que se conmemora cada año el 11 de abril, la fundación de apoyo a personas con Parkinson –Fundalianza-, junto con el Grupo de Neurociencias de Antioquia –GNA-, llevaron a cabo el 6 de abril, el simposio anual ‘El estrés y otros detonantes del párkinson’, certamen académico que busca fomentar la conciencia social sobre la enfermedad. El evento tuvo la participación de la psicóloga Gladys Ramírez, el psiquiatra Óscar Correa y el neurólogo Omar Buriticá.

Para todos los expositores algo clave y contundente es la relación entre el estrés y el empeoramiento en los síntomas, en palabras de Gladys Ramírez, “este influye negativamente en la dopamina, neurotransmisor liberado en el cerebro, y que nos permite experimentar placer”.

Y, es que sentir placer es una de las experiencias más vitales para la vida, pues está ligado a necesidades fisiológicas y de supervivencia, la capacidad de disfrutar, según el psiquiatra Óscar Correa, “es una de las funciones cerebrales más importantes, y se pierde con algunos trastornos mentales; por ejemplo, la depresión”; y el estrés crónico es un gran desencadenante de trastornos como la ansiedad y la depresión.

Para un buen funcionamiento mental, es necesario controlar las emociones, tener la capacidad de disfrutar, dormir bien, tener apetito regular, la capacidad de autoreconocimiento, es decir tener la facultad de reconocer riesgos, más no sobrevalorarlos; “una señal de alerta es que se pierda cualquiera de esas actividades”, explica, Óscar Correa. Además, es importante no autodiagnosticarse, sino acudir a consulta, “el 40 % de las personas con párkinson tienden a tener trastornos depresivos”, agrega.

A propósito del diagnóstico clínico, el neurólogo Omar Buriticá señala que siempre se debe hacer bajo criterio médico, “no hay exámenes de laboratorio para confirmar la enfermedad”, el paciente debe tener presente que es un diagnóstico para toda la vida, pero que a medida que los síntomas progresan, así mismo se irán adaptando según las condiciones. “No consiste en minimizar la enfermedad, el médico debe educar al paciente con respecto al párkinson”, añade.

Aunque no es cuestión solo del médico, sino que es necesario el apoyo de otras disciplinas como la educación, enfermería, psicología, y rehabilitación, ya que en ocasiones los pacientes requieren terapia del lenguaje. Igualmente, la familia desempeña un rol muy importante en el manejo de la enfermedad, puesto que tal como lo dice el neurólogo “estas personas deben adaptarse, dar acompañamiento, y comprender los tiempos y nuevos hábitos”.

No todas las enfermedades de párkinson evolucionan de la misma manera, ya que tienen diferente sintomatología, existen incluso pacientes a los que no les gusta que nadie se entere de su condición, pero de acuerdo a las recomendaciones de los ponentes, es bueno comunicarlo a la familia, debido al gran apoyo que la enfermedad requiere. “La mala actitud empeorará los síntomas, además del estrés y la ansiedad. Es importante no pelear con la enfermedad, ni cuestionarla”, comenta, Omar Buriticá.

Por otra parte, es importante tener en cuenta factores como la medicación, pues de acuerdo con el neurólogo, “esta tiene efectos indeseables, así que deben emplearse dosis mínimas que se vayan tolerando, la premisa es que es una enfermedad que no puede curarse, y por ende es necesario tener paciencia”. Además, el paciente podrá presentar ciertos bloqueos, y para esto, se recomienda emplear estímulos visuales, auditivos, táctiles, balanceos del cuerpo o conteos mentales.

Infortunadamente, el párkinson puede llegar a producir un tipo de demencia, pero no a todos los pacientes, por esto es necesario visitar el neurólogo cada tres o cuatro meses. Asimismo, las relaciones interpersonales son fundamentales, “está demostrado que una vida social activa mejora el estado psicológico del paciente y favorece su bienestar”, afirma, Omar Buriticá.

En cuanto a la vida sexual, a veces suele darse una hipersexualidad como consecuencia del tratamiento farmacológico, o por el contrario un apagamiento, debido a los factores emocionales como la depresión y la ansiedad, o incluso problemas asociados a la comunicación pueden llegar a disminuir el deseo y dificultar la actividad sexual. Adicionalmente, “los aspectos motores pueden constituir una barrera, para disminuir su efecto, se pueden buscar nuevos hábitos que resulten más satisfactorios para la pareja”, explica, el neurólogo.

Para el psiquiatra Óscar Correa, “el hecho de tener párkinson no indica que se tenga que estar triste, una de las cosas que ayudan de un grupo es entender que hay otros en diferentes condiciones”, y es precisamente la razón por la cual existen grupos de apoyo, como por ejemplo, Fundalianza, creada en el año 2006, con el objetivo de atraer y mantener vinculados a la fundación personas afectadas por el párkinson, a través de diferentes actividades que mejoran su calidad de vida, además de brindar información acerca de la enfermedad.

Es necesario ser conscientes de que el principal motivo de miedo o duda de los pacientes con párkinson se debe a la evolución de la enfermedad y a la posibilidad de no tener cura, por ello, el neurólogo Omar Buriticá, recomienda tener en cuenta que: “no todos los enfermos de párkinson evolucionan igual, no se debe tomar la enfermedad de otros pacientes como ejemplo ya que cada caso es distinto”, entre esos miedos también está el de salir a la calle, y es un hábito que recomiendan hacerlo normalmente.

Finalmente, no hay estudios que comprueben que el estrés sea un desencadenante del párkinson, pero sumando las intervenciones de los expertos en el simposio, se llega a la conclusión de que combatir el estrés a través de ejercicio, meditación, caminar al aire libre, o simplemente realizar tareas que generen placer, mejora la calidad de vida tanto de quienes padecen la enfermedad, como de los que no.


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